Senatus consultum ultimum (SCU)

Senatus consultum ultimum (SCU)

No sé si pedir perdón de antemano

Cuando tomé la valerosa decisión de dedicarle un post al SCU, no comprendí en el berenjenal en el que me estaba metiendo. ¿Por qué? Pues porque si ya es bastante complicado hablar de política romana, desde una perspectiva contemporánea, imaginaos lo difícil que puede resultar hablar de esta medida extraordinaria, que hasta los romanos tenían que coger con pinzas, para poder legitimarla.

¿Por qué? Porque era una medida fundamentalmente violenta, efectuada por los sectores de la oligarquía senatorial contra los defensores del populus, también conocidos como tribunos de la plebe, entre otros,  cuando trataban de efectuar algún plan novedoso, que favoreciese a los sectores humildes y reventase las cuadriculadas mentes de los optimates, así como (y sobre todo) sus intereses.

            Así que a ver cómo me las ingenio para hacer de este artículo algo ameno, fácil y tampoco descuartizar la historia, sino tratar de comprenderla. No prometo nada.            Si por algún casual esto sale bien, debo agradecérselo a un antiguo compi de la carrera, Jorge Garcés González (el típico que es historiador desde antes de nacer) quien realizó un ensayo para la universidad titulado “Memoria y medidas de excepción de la nobilitas aristocrática en las muertes de los Graco. Reflexiones sobre la oratoria y la violencia en la Roma tardorrepublicana” y sin el cual hoy seguramente sería fusilada por mis seguidores, además de ser todavía más ignorante. Empecemos.

SCU ¿Qué es?

Es ante todo una medida de excepción, que se aplica ante un estado de emergencia y que según algunos autores, como Plaumann y Rödl vendrían a sustituir a la antigua dictadura. Sin embargo, y como veremos ahora, la dificultad radica en si esta medida se integra en el orden constitucional romano.

Pero antes de meterme en esas delicadas cuestiones, para los que no conozcáis el tema, el SCU era la forma de dotar al Senado de poderes extraordinarios y así poder actuar más allá de los límites legales y arremeter llevándose por delante a quien hiciese falta, por ejemplo… a un tribuno. Alguien que a ojos legales y divinos era intocable, por una cosita llamada sacrosanctitas.

“Despedida de Cayo Graco de su familia”, oléo sobre lienzo, Dióscoro Puebla, 1858, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

Todo perfecto, vamos a apagar un ratito las leyes nos llevamos por delante al personaje molesto, pero todo esto lo tenemos que legitimar para que el populus no nos mire mal. ¿Cómo lo hacían? Si bien es cierto que existía un problema jurídico y político para integrar esta medida de excepción dentro de la legalidad, también es cierto que el SCU estaba respaldado por el moss maiorum, ya que cuando se aplicaba era porque el orden establecido había sido sometido a la provocatio.

Pero por mucho que se trate de legitimar así, no había un protocolo de actuación, ni tampoco unos límites específicos, que definiesen cuándo se podía aplicar este método de emergencia. Y es aquí, como dice mi buen compañero, que toman partido los intereses singulares de la oligarquía, que distan mucho de ser defendidos por toda la comunidad.

EL SCU en la Historia de Roma

El término en sí aparece en una obra de Julio César, también lo menciona Livio, pero su utilización es anterior. La primera vez que se aplicó fue en el 121 a.C., cuando el cónsul L. Opimio fue dotado de estos poderes extraordinarios y acometió contra Cayo Sempronio Graco y todos sus seguidores.

En el año 100 a.C. el SCU cae sobre Saturnino, los silanos en el 83 a.C. y seguramente Lépido en el 77 a.C., también los catilinarios cuando Cicerón estaba en el consulado y contra Q. C. Metelo Nepote y César en el 62 a.C., Tras morir Clodio, diez años después, Julio César repite en el 49 a.C. y no fue la última vez durante aquella década.

“Cicerón denuncia a Catilina”, pintura al fresco, Cessare Maccari, 1889, Palazzo Madama, Roma

La puesta en práctica

Si bien he dicho más arriba que no un procedimiento específico, sí que podemos observar ciertas similitudes y de ahí sacar unas pautas.

En primer lugar el magistrado que presidía las reuniones senatoriales hacía una relatio sobre la situación, se efectuaba un debate sobre la misma, tras el cual se emitía un decreto, que no tenía una forma fija, pero que se podría estructurar de la siguiente forma:

  1. Llamamiento que no especifica ninguna medida concreta.
  2. Se apela a la magistratura, la cual debe llevar a cabo el procedimiento, magistratura cum imperio que pudiera afrontar la amenaza, claro está (generalmente los cónsules, aunque también a los pretores y al interrex).
  3. Se define el objetivo para salvar la República.

Había dos formas de proceder una vez que se decretaba.

  1. Por una parte se podían movilizar a las tropas, unidades militares regulares.
  2. Por otra, se podía hacer un llamamiento al pueblo, mediante una evocatio o por medio del iustitium, tal y como se hizo para hacer frente a Espartaco.

Deberíamos concebir el SCU como una medida de excepción, utilizada en una época en la que se están dando cambios muy importantes y que las viejas medidas senatoriales se han quedado escasas.

Cabe destacarse que aquel contra quien iba el SCU era porque había atentado contra la salus de la República y, por tanto, declarado como hostis, término que en los primeros tiempos se aplicaba contra los extranjeros que atacaban la ciudad, pero que a partir del siglo I a.C. pasa a designar cualquier ciudadano romano criminalizado por el Senado. Como castigo, el hostis perdía sus derechos individuales y sus bienes eran confiscados. Por tanto, la declaración del hostis venía en el pack del SCU.

Más todavía si tenemos en cuenta que Roma seguía teniéndole un cierto resquemor asociado a la monarquía etrusca. Era frecuente que si la nobilitas quería sacarse a alguien de en medio, lo acusaba de querer alcanzar el regnum (que le pregunten a Tiberio Graco con la gracia de señalarse la cabeza…) ¡Y listo! Hostis fuera. (A veces pienso en lo práctico  que hubiese sido poner una trampilla en el suelo de la cámara senatorial que comunicase directamente con la cloaca máxima.)

Otra acusación muy recurrente para aplicar el SCU era la de impietas y era de las más graves, por cierto. Esto suponía un atentado contra la fides, es decir, contra los ciudadanos, ya hablé de ella en mi post Claves para entender la religión romana. Esta acusación estaba relacionada con la idea de exstinctam, dar muerte a la patria. También era frecuente la acusación de perditus, el individuo que se encuentra en una situación de máxima desesperación y atenta contra la moral o la honestidad romana, que por cierto, también le fue aplicado a Tiberio Sempronio Graco.

A Cayo Graco, por otra parte, se le acusa de intentar debilitar los pilares básicos de la sociedad romana, a ojos de la oligarquía claro. Sublevó a la plebe y rompió el equilibrio entre los ordines, además de corromper al ejército. (Como me diría mi padre: “Se está rifando una hostia y llevas todas las papeletas”)

¿Cómo se legitima esta brutalidad?

Como bien decía mi querido colega, Garcés González,  la violencia viene implícita en el propio mito fundacional de Roma. ¿Quién no ha querido matar a su hermano alguna vez? Lo siento Remo.

“Rómulo y Remo”, óleo sobre lienzo, Peter Paul Rubens, 1615-1616, Museos Capitolinos, Roma.

Fuera de coñas míticas, el recurso de la violencia es una decisión consciente en este caso y el cabecilla encargado de aplicar el SCU tiene que dar una imagen de poder controlar la situación. La violencia está presente desde la primera promulgación de esta medida de excepción. No solo por parte de los encargados en ejecutarla, sino porque se ofrecían grandes sumas por capturar, delatar, herir o matar a los acusados.

Brutal era un rato, pero claro, ¿qué vas a hacer contra quien intenta herir la salud de la República? Por tanto podemos deducir que el SCU es un instrumento eminentemente político, que está en manos del Senado y justifica esta violencia contra los opositores defensores del pueblo. ¿Por qué falta una legislación al respecto? ¿Por descuidados? Nada más lejos, es esa ambigüedad lo que permite moverse a los senadores con esa libertad. Así se imposibilita esa lucha legal. 

Podemos afirmar varias cosas en cuanto a la legalidad del SCU:

  1. Nunca fue regulado por la ley.
  2. La declaración de un ciudadano como hostis era una compensación creada ex novo
  3. La clave del SCU es la inmunidad jurídica, así como las garantías de un apoyo político completo.

Por tanto no estamos ante un problema de carácter jurídico, sino estrictamente político.

Los mismos populares combatían estas acciones diciendo que un SCU  no podía despojar a un ciudadano romano de sus derechos y tampoco podían acusarlo de hostis publicus sin un juicio justo de por medio. Pero bueno, sólo eran populares.

Tapar la sangre con serrín

Este tema daría y da para mucho, pero tampoco quiero aburríos. Simplemente, concluir que la SCU es la respuesta sangrienta que se da a los intentos de reforma de los Graco y que luego sigue teniendo lugar a lo largo de la historia. Es la consecuencia política a intentos de reforma que afectaban a los intereses de la nobilitas.

Pero además no sólo tratan de criminalizar a cualquiera que vaya contra ellos, sino que también consiste en honrar a esos defensores de la patria, que se atrevieron con ellos.

Pero no siempre les fue tan bien. Escipión Nasica y Opimio, causantes directos de los asesinatos de los Graco y a pesar de tratar de legitimar sus actos tuvieron que hacer frente a la furia popular. Nasica fue atacado en público y acusado de haber acometido contra la sacrosanctitas tribunicia (un tribuno tenía una protección divina, por lo que no se podía atentar contra él. Para evitar que se lo acusase en los tribunales de justicia, Nasica fue enviado a Asia, en calidad de embajador a principios del 132 a.C., acto que no es otra cosa que un exilio encubierto.

Opimio fue acusado por P. Decio, tribuno de la plebe, de asesinar a ciudadanos, que no habían sido ni juzgados ni condenados. Al estar en juego el SCU, como herramienta senatorial, el cónsul Papirio Carbón actuó en defensa de Opimio, quien fue absuelto.

Tras “superar” los percances acaecidos con los Graco, la nobilitas contraria a los controvertidos tribunos, decide erigir  un templo dedicado a la Concordia, situado en el mismo Foro. Lejos de apaciguar a las gentes, este templo fue tomado como una ofensa por el populus, quien comenzó a llevar ofrendas al lugar donde fueron asesinados los tribunos.

Es aquí como vemos a la Concordia como patrimonio de los optimates, el sino que deben defender para conservar ese sistema aristocrático del siglo I a.C. Los llamados populares contraatacaran este valor con el término, que terminó convirtiéndose en antagónico, de libertas, bajo el cual trataban de destruir el orden imperante y sustituirlo por uno más afín a su causa.

Reconstrucción del templo de la Concordia en Roma

Concluyendo:

Dejando ya reposar vuestras ocupadas mentes, para que podáis dedicarlo a otra cosa vuestro tiempo valioso (como a cargaros optimates, por ejemplo), podemos decir que el senatus consultum ultimum es una medida de excepción utilizada como respuesta sangrienta a un cambio de orden, que no es del gusto de la oligarquía. Sin embargo, es una justificación de los medios para llegar a un fin determinado, que es el de que las cosas se queden como están, en ese panorama del siglo I a.C.

Fascinante esta época, ese entrañable periodo truculento, a partir del 133 a.C. que conocemos como “Crisis de la República”. Ainss… ¿soy la única friki de aquí a la que le encantaría que la serie de Roma hiciese una temporada que comenzase con el tribunado de Tiberio Sempronio Graco? Igual es mucho pedir, pero por suerte soñar sigue siendo gratis. Ya les escribiré a los de HBO a ver si me hacen caso. Bueno, hasta la próxima entrega y que soñéis con los senadores y la cloaca máxima.

Tenéis bibliografía para parar un tren:

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