OTTIUM VOL.V: EL OCIO EN ROMA: JUEGOS POPULARES

OTTIUM VOL.V: EL OCIO EN ROMA: JUEGOS POPULARES

Bienvenidos a esta última entrega de la serie Ottium. Sí, lo estáis leyendo bien. Tras cuatro entregas anteriores, cierro esta serie con la quinta. Es fácil hablar de gladiadores, cuadrigas u obras teatrales, pero resulta algo más difícil averiguar qué hacían los romanos en las calles, en las tabernas o en sus propias casas, para matar el tiempo, cuando no había espectáculos públicos. Es por ello que este post es más corto que los otros (alguno hasta lo agradecerá). Vamos con ello.

Menos mal que la arqueología, que para quien no lo sepa es la disciplina que estudia la basura los vestigios materiales de una determinada sociedad, nos ha facilitado esa información. Bueno, gracias a los hallazgos arqueológicos y a las fuentes antiguas se han podido localizar algunos de los restos que nos hablan de pasatiempos diarios de la Antigua Roma. Los más destacados, los juegos de azar y los de pelota.

Deportes

Ya lo dije en la primera entrega y lo reitero en la Antigua Roma no tenían nada parecido a un deporte nacional, como hoy sería el fútbol (aunque para mí, sinceramente, es como oír llover). Nada de eso, pudiendo ver sangre, no van a ver a un grupo de tíos persiguiendo un balón. Aunque sí, los romanos jugaban a juegos de pelota, pero era una forma de entrenamiento. Había que mantener ese tipín digno de exhibición, para lucirlo en las calendas de enero, con el salto al Tiber. Precisamente, mientras los jóvenes preferían practicar algo de natación en los ríos, los más viejos sensatos, preferían la natatio de las termas.

“Púgil en reposo” Escultura en bronce, siglo I a.C., Museo Nacional Romano, Roma.

Sin embargo, era en el Campus Martius dónde se practicaban gran parte de los juegos de pelota, atletismo y otras actividades físicas, como el lanzamiento de disco, el boxeo y el tiro con arco.

Según lo que cuenta Virgilio en la Eneida estos deportes se desarrollaban tal y como lo hacen ahora, a excepción de los de pelota, que debían aburrir a las perchas. Aburrámonos entonces.

Juegos de pelota

¿Cuántos juego de pelota conocemos en la actualidad? ¿Y cuántos tipos de pelota? Se os ocurren unos cuantos. Pero en Roma también había gran variedad. Los tipos de pelotas eran muy variados. Desde las simplemente hinchadas con aire, a las rellenas de pelo e incluso plumas. Aunque había varios juegos de pelota, pero debían consistir, simplemente, en lanzarla y cogerla, ya que los bates y los palos eran prácticamente desconocidos. Juego de fácil comprensión: lanza la pelota lo más alto que puedas y cógela después. Pues así toda la tarde.

Es broma, no sólo  jugaban a deambular tirando la pelota al cielo. Había otras modalidades de juego, como los malabares, que todos los tenemos en la cabeza. Bien en solitario o jugando con otro malabarista más

Otra opción era el frontón, pero golpeando la pelota con la mano abierta. Cuando esta tocaba la pared  y volvía a rebotar en el suelo, se volvía a golpear, por turnos. Menos mal que posteriormente, a algún iluminado se le ocurrió inventar la raqueta, porque pensando en pelotas de piel me imagino el color de la mano de los jugadores… un púrpura precioso (badum tss, chistaco imperial) El objetivo era mantener la pelota el máximo tiempo posible en movimiento. Había casas y algunas termas que estaban dotadas con este tipo de instalaciones. Pero vaya, para los amateurs cualquier pared sería buena. ¿Quién no tiene un vecino molesto?

El trigon era otro juego popular de pelota. Los tres jugadores se colocaban formando un triángulo equilátero. Se usaban dos pelotas y la historia consistía en tirarlas a quien más dificultades de recepción tuviese. Vamos todo un juego para perder amigos, aunque debo confesar que debía ser divertido. Imaginaos a dos jugadores lanzándote las dos pelotas a la vez, hay que ser hábil para no perder y conservar tu dignidad al mismo tiempo, sin parecer un pato mareado.

Fresco, representación del Harpastrum.

Sin duda había más juegos de pelota, pero las descripciones que han llegado hasta nosotros a través de las fuentes son poco aclarativas. Así que la última referencia que haré será del controvertido harpastum, ese juego romano de pelota, que todavía no se sabe si es el precursor del rugby o del fútbol, pero que era bastante violento, aunque no por ello caótico, ya que se necesitaba una férrea disciplina para practicarlo. Precisamente fue en el campo militar donde tuvo un gran éxito, ya que servía a las tropas como entrenamiento.

Tenía poca ciencia el juego, pero fue bastante popular. En un campo rectangular dividido en dos y delimitado con cuerdas, dos equipos trataban de marcar tantos, tratando de que la pelota cruzase la línea del fondo. Sé que lo digo muchas veces en mis artículos, pero… qué poco hemos cambiado.

El azar, otra forma de ocio

Hasta aquí la gente a la que le gustaba mantener la línea, sentirse fuerte, en equilibrio con su cuerpo y mente, etc. Y luego estaba la gente normal.

Fresco, representación de una partida de dados, encontrado en la Vía Mercurio de Pompeya. Fotografía extraísda del blog DOMVS ROMANA

Además de las formas atléticas de pasar el rato y rendirle culto al cuerpo, había gente que prefería los juegos de azar, como forma de entretenimiento. Todos tenemos en mente a Tito Pullo en la taberna, iniciando ese momento que desencadenaría el final de la República.

Los juegos de azar estaban muy de moda en aquella época, aunque estuviesen prohibidos por la ley. Por otra parte, el Estado sí permitía su celebración en fechas señaladas, como es el caso de las Saturnalia, que permitía a los ancianos jugar en cualquier momento. De cualquier forma, era muy difícil que las autoridades controlasen las timbas privadas que se hacían en las casas de los ciudadanos y yo creo que también en las tabernae. ¿Cuánto te puede costar esconder un dado? ¿Quién podría aguantar una de esas tediosas cenas sociales, sin la chispa que propicia el riesgo de perder unos cuantos denarios?

Eran juegos muy básicos y la forma más simple de apostar era el clásico “cara o cruz”. También era frecuente tratar de adivinar si el número de monedas que el adversario escondía era par o impar. Al mismo tiempo, que escondía sus propias monedas, para que el otro las adivinase. La apuesta solía ser las mismas monedas que se ocultaban.

No todo era con monedas y es que los dados y las tabas eran los pasatiempos preferidos de los romanos.

Las tesserae o dados eran como los que conocemos hoy en día. Los materiales eran bien de piedra, marfil o madera. Cada una de las seis caras estaba marcadas con puntos, del uno al seis. El juego más habitual consistía en lanzar al aire tres dados con un cubilete, frutillus¸ computándose las caras superiores. Lógicamente la mejor tirada eran los tres seises, mientras que la peor serían los tres unos. Aunque simplemente bastaba con sacar un número superior al del contrario. Sí, era una rápida forma de perder pasta.

Las tabas, por su parte, eran parte de los juguetes de los niños, aunque eran utilizadas también por hombres y mujeres.

Niño jugando a las tabas, Museo de Berlín. Foto extraída del blog DOMVS ROMANA

Eran de ovejas o de cabras, aunque también había imitaciones en marfil, piedra y bronce, para todos los bolsillos. Mientras que los niños jugaban a lanzarlas al aire e intentaban coger las máximas posibles con el dorso de la mano, los hombres las tiraban con el fritullus. Cada una de las caras tenía una puntuación y había un total de 35 jugadas posibles, cada una con un valor particular. La más baja era llamada “el buitre”, la más alta “Venus”.

Otros juegos

El azar estaba bien, pero también se han encontrado descripciones de otros tipos de juego, que combinaban habilidad, como si de una especie de backgammond se tratase.

Juego de Mesa, Museo de Zamora. Foto extraída del blog DOMVS ROMANA

El mundo de los pasatiempos populares, excluyendo los grandes espectáculos, sigue siendo todo un misterio para los historiadores. Conocemos algunas costumbres a grandes rasgos, gracias a la arqueología y al arte. Sin embargo, las historias de la gente corriente y su día a día, nos siguen quedando grandes.

Qué menos que recordar a todos aquellos hombres que pasaban sus ratos libres (quienes los tuvieran) echando una partidita a los dados.

Imaginemos por un momento que recorremos las calles de una ciudad romana, vemos a un grupo de niños en las aceras jugando a las tabas, mientras en una taberna vecina los hombres berrean, ríen y lloran al ganar o perder sus monedas. Al fondo en las termas algunos nadan en la natatio y próximos a ellos un grupo de viejos comenta, cómo se zambullían en las aguas del Tíber, cuando eran jóvenes y cómo lo hacían mucho mejor que los jóvenes de ahora. Junto a la natatio en los jardines tres hombres se lanzan con furia la pelota unos a otros, con el objetivo de que al oponente se le terminen cayendo.

Fuera de esos recintos y en edificios cercanos, aunque mucho más grandes, la gente corea a los aurigas, se burla de los actores de las pantomimas y anima o abuchea a los gladiadores.

Os quiero regalar, a todos aquellos que habéis llegado al final de esta serie, esta pequeña escena, que perfectamente podría estarse desarrollando un día normal y corriente en cualquier ciudad del Imperio. Simplemente, gracias por acompañarme, nos vemos pronto, con más Historia de Roma.

Bibliografía

Johnston, H. W. (2010), La vida en la antigua Roma, Madrid, Alianza.

 

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