OTTIUM VOL.IV: EL OCIO EN ROMA: GLADIATRIX, MUJER GLADIADORA

OTTIUM VOL.IV: EL OCIO EN ROMA: GLADIATRIX, MUJER GLADIADORA

Hace dos semanas publiqué la segunda entrega de esta serie, dedicada al anfiteatro y en especial a los combates de gladiadores. Este post, debería ir incluido en esa entrega, pero sé que ningún lector es capaz de aguantar más de diez páginas, formato Word, a letra Palatino Linotype 12, sin que después deje de seguirme. Por tanto, he decidido hacer un post entero dedicado a esas grandes olvidadas, las mujeres gladiadoras.

El conocidísimo Anfiteatro Flavio

Término Gladiatrix: ¿Deberíamos usarlo?

Tal y como dice Alfonso Mañas en su obra, los romanos tenían dos términos para designar a las mujeres. Por una parte utilizaban el vocablo feminae, para referirse a las mujeres de la alta sociedad, las de las familias optimates, mujeres de bien. Mientras que el término mulier estaba destinado a las mujeres de los estratos bajos. Una fémina, según el moss maiorum (costumbres de los mayores) nunca debería entretener al público y mucho menos cobrar por ello. Simplemente los nobles no debían entretener a otras personas. Sin embargo, a nadie le importaba lo que hiciera una mulier, quien podía entretener a otros tranquilamente y cobrar por ello. Eso incluía los espectáculos del anfiteatro.

Pintura de Sir Lawrence Alma-Tadema “The frigidarium”

La lucha con mujeres no tiene precedentes en otras sociedades de la Antigüedad. Sí, es cierto que las mujeres espartanas aprendían a usar la espada, pero no había combates regulados, al nivel de Roma.

¿De dónde sale esta afición por la lucha entre mujeres? Pues como muchas prácticas y entretenimientos de los romanos (los combates de gladiadores entre ellas) proceden del contexto funerario. Luego que me pongo pesadita con el tema de la Muerte, pero es que estaba demasiado unido a los aspectos de la vida. Sabemos por Nicolás de Damaso, que no era una práctica rara que un noble en su testamento pidiese que las mujeres más bellas se enfrentasen entre sí. Sin embargo, la modalidad masculina surgió en época etrusca, la femenina en el siglo I a.C.

Probablemente fue durante el final de la República, cuando los juegos públicos reclaman una mayor espectacularidad. Sin embargo, la primera evidencia de ello, la tenemos en el año 11, gracias a una ley que prohíbe a las mujeres menores de 20 años, nacidas libres, aparecer en la arena. Esta evidencia es indirecta, pero si se prohíbe algo, precisamente, es porque tendría lugar.  En el año 19 un Senatus Consultum de Larinum, reitera la lex del año 11 y añade que las que no pueden aparecer en la arena sean las hijas, nietas y bisnietas de senadores, tampoco esposas, hijas y nietas de los equites. ¿Qué quiere decir eso? Pues que pese a lo mal visto que resultaban estas prácticas, se efectuarían igualmente.

¿Cuál es la última referencia que tenemos de ellas? Pues es una orden de Septimio Severo en el 200 d.C. que prohíbe a cualquier hembra, sea fémina o mulier, luchar en combate singular.  Las fuentes son reducidas, por lo que podemos deducir que el nivel de combates de mujeres fue  a menor escala que el de los hombres.

¿Qué pasa con el término gladiatrix? A ver como lo explico… no existía. Este término nació de la mano de los historiadores modernos, pero no se utilizaba en la Antigua Roma. ¿Por qué lo he puesto en el título? ¿Sabéis el SEO? Pues eso.

Centrándonos otra vez, los romanos utilizaban el vocablo ludia, para designar a la mujer, que tenía algún tipo de relación sentimental con un gladiador, como puede ser su esposa, concubina, amante, etc. Pero para la mujer que luchaba como gladiadora no había una palabra. En las descripciones de los autores antiguos siempre aparecen como mulier o fémina. Lo que también nos puede dar una idea de la dimensión menor que tenían estos combates, en comparación con sus equivalentes masculinos.

Sin embargo, ¿toda mujer que aparecía en la arena era una gladiadora? La respuesta es no. Una mujer gladiadora era aquella la cual había recibido un entrenamiento gladiatorio y luchaba en la arena. Lo normal es que fuera contra otra mujer, por la ética de los combates, que supuestamente debían ser igualados. Aunque también aparecía alguna mujer en los combates colectivos, gregatim, que participaba junto a uno de los dos bandos, subida a un carro probablemente, para igualar a la fuerza masculina.

¿Por qué digo lo del entrenamiento gladiatorio? Pues porque es lo que diferencia a un gladiador de un condenado a morir en la arena, por lo que podemos hacer la misma diferenciación en las mujeres. Ellas entrenaban, al igual que lo hacían los hombres y Juvenal nos confirma[1], que con los mismos medios y armas que los hombres. Además utiliza los dos términos el de fémina y el de mulier, por lo que se deduce que los entrenamientos serían realizados por mujeres de cualquier estrato social. Sin embargo las primeras seguramente entrenarían, para mantenerse en forma, pasar el tiempo libre y posiblemente, en buena medida, para reafirmar su independencia frente a la sociedad patriarcal, practicando la actividad más masculina del momento. Las mujeres humildes si se entrenaban no era para pasar el tiempo, sino porque ello les podía reportar dinero.

Otra diferencia con su alter ego masculino era que la mujer gladiadora no tenía que realizar ninguna ceremonia ante el tribuno de turno, no tendrían que jurar el auctoramentum (juramento gladiador). Tampoco tendrían porqué vincularse a un lanista (el dirigente del ludus) ya que podían ejercer como autónomas. Sin embargo, el vincularse a un lanista era una opción atractiva para las mujeres más pobres, ya que ello les garantizaba comida y un lugar en el que vivir. También había gladiadoras esclavas y tal como ocurría con los gladiadores esclavos eran propiedad del lanista.

Lugares  de entrenamiento: ludus y collegium iuvenum

Como ocurría en el caso de los hombres, una parte de las mujeres gladiadoras entrenarían en el ludus al que pertenecían. Sin embargo, por inscripciones sabemos que también entrenaban en los collegia iuvenum, instituciones para los ciudadanos jóvenes. Teniendo en cuenta que las mujeres no eran ciudadanas, pero las hermanas, primas, esposas de los ciudadanos podían hacer uso de estas instalaciones. Hablaríamos en su mayoría de mujeres de posición social elevada  y en menor medida de mulieres.

Gladiadoras: despliegue de exotismo y lujo

Para entender este concepto es necesario aclarar que los romanos asociaban a las mujeres que luchaban en la arena con el exotismo y el lujo. Existía la creencia que sólo los pueblos más lejanos, exoticus, entrenaban a sus mujeres en la lucha, usándolas incluso en las guerras. El ejemplo más típico eran las amazonas. Esta creencia de que sólo las mujeres de pueblos lejanos sabía utilizar las armas estaba completamente fundamentada, ya que la mujer romana rara vez tocaba un arma. ¡No debía! Según el moss maiorum, claro.

Por eso si los romanos veían a una mujer en la arena, mostrando sus habilidades gladiadoras, aquello si no era exótico, no sé qué podía ser. Además siendo algo de procedencia tan lejana (que igual la moza era del Aventino) ya suponía todo un lujo, puesto que traer a una mujer desde tan lejos suponía un gasto enorme.

De cualquier forma, las mujeres gladiadoras eran una mercancía cara. Por lo que era normal que apareciesen con más frecuencia en los espectáculos ofrecidos por el  Estado, que los ofrecidos por un senador u otro magistrado, que se preciase a desembolsar tamaña generosidad. Pero sin duda, cuando había mayor número de mujeres gladiadoras era cuando los juegos eran ofrecidos por el mismísimo emperador.

Pintura de Sir Lawrence Alma-Tadema, “Shrine of Venus”

En defintiva, para que hubiera combates de mujeres, el que los ofrecía tenía que tener una fortuna. Eso explicaría la menor dimensión que tuvieron las luchas de gladiadoras, en comparación con los combates masculinos, mucho más baratos y con mayor oferta.

Estética gladiadora: el equipamiento de estas mujeres

El aspecto de estas mujeres lo conocemos, no por descripciones de los autores antiguos sino gracias a dos vestigios arqueológicos importantes.

El primero de ellos es un relieve encontrado en Halicarnaso, que muestra un combate entre dos mujeres.

Relieve de Halicarnaso, siglo I – siglo II d.C. Imagen extraída del blog: La túnica e Neso

Gracias a él, podemos observar cómo las mujeres gladiadoras llevaban las mismas armas y vestimenta que los hombres. Efectivamente, iban con el torso desnudo, como hacían los gladiadores, lo que aumentaba el aspecto erótico del espectáculo, como expondré más adelante. Sin embargo, este no era el objetivo de esta decisión, sino que era una norma, para que hubiese un sitio en el que poder herir a la rival.

El segundo de ellos es una estatuilla de bronce, que representa a una gladiadora en la posición triunfal típica de los gladiadores, porta una sica, la daga curva típica de los thraex.

Estatuilla de mujer Gladiadora, siglo I, Museum fur Kunst und Gewerbe de Hamburgo (Alemania)

En cuanto al peinado, tanto en el relieve como en la estatuilla, se componía de una trenza recogida en forma de moño. Era muy elaborado, por lo que se puede deducir que el objeto de este trabajoso tocado era su exhibición. Lo que nos hace suponer que debían pelear sin yelmo alguno, tal y como hacían los retiarii. El luchar sin ninguna protección en la cabeza tenía lo suyo, no cualquiera lo hace. Posiblemente hubiera comportamientos distintos, estarían aquellas que luchasen con intensidad, ya que serían mujeres bravas y con habilidades para las armas. Pero también estarían aquellas que no se mojarían mucho, ya que combatir sin cascos no es para todos, pero que al ir con los pechos al aire seguían ofreciendo un indudable espectáculo erótico, como veremos a continuación.

Erotismo en los combates

Por mucho reglamento gladiatorio que hubiese, estas mujeres combatían en tetas. Y todos sabemos qué pasa con los ojos de los hombres cuando hay un par de pechos por ahí saltando. Por muy serios que fueran los combates, el erotismo era otro elemento de atracción de las masas.

¿Todo el factor erótico residía en los pechos de las gladiadoras? La respuesta es no. Porque no debemos olvidar que estas mujeres hacían algo inusual para su género. Resultaba asombroso ver a una mujer empuñar un arma, envalentonada, descargando golpes con valentía. Esto era lo atractivo, no tanto vislumbrar la anatomía integral de la mujer, (eso lo podían hacer en cualquier lupanar), sino observarlas en un rol, totalmente distinto al que habitualmente desempeñarían.

En cualquier pantomima podían observarse espectáculos mucho más subidos de tono, que el de dos mujeres peleándose desnudas de cintura para arriba. Por no mencionar, que los romanos estaban acostumbrados a presenciar ejecuciones, en la que tanto hombres como mujeres aparecían completamente desnudos.

Por tanto sí que había un elemento erótico en los combates de mujeres, pero estaba más ligado al atractivo que resultaba observar a una mujer en otro papel, que a la parcial desnudez de las participantes.

La gladiatura como forma de conquista de espacios vedados.

El título del epígrafe es bastante explicativo. ¿Para qué querrían luchar en la arena, mujeres que lo tenían prácticamente todo? Claro que podría ser una forma de entretenimiento, pero no es plan de jugarse la vida. Aunque la muerte no estaba presente por norma en los combates de mujeres, un mal golpe podía acabar con cualquiera, ¿por qué entonces querían exponerse así, las mujeres de las clases altas? Añadiendo además que eso repercutía directamente en su reputación.

Posiblemente se trate de una lucha para conquistar espacios prohibidos para las mujeres. Un intento de hacer frente a aquellos quienes las sometían. Pero no todos los padres ni maridos se oponían a ello. La prueba de ello es que muchas de las feminae efectuaban su aprendizaje en los collegia iuvenum y no podrían hacerlo sin la autorización del pater familias.  Lejos de ello, precisamente muestra el interés de los padres de que sus niñas aprendiesen a perforar tripas.

¿Qué quiere decir todo ello? Asistimos a una división de la mentalidad de la sociedad romana. Un dualismo. Por una parte  estarían aquellos que defenderían con puño férreo el moss maiorum y por otra, los que se abrían a nuevos tiempos. Pero claro aquellos que se preocupaban de que las mujeres empuñasen un arma, sólo se preocupaban de las de la alta sociedad, las mulieres podían luchar en la arena tranquilamente, que les daba igual.

            El fin de este mundo de mujeres armadas se produjo en el año 200 d.C. con una orden de Septimio Severo, cuyo interés era proteger a mujer de toda condición, ya que su salida a la arena conllevaba la dispersión de chistes maliciosos sobre ellas, incluidas las de clase alta. Septimio decidió cortar por lo sano con todo ello, por miedo a que aquello salpicase a las mujeres de la nobleza y por consiguiente de la domus imperial. Así fue como en el siglo III terminó esta práctica, que tan sólo había durado un par de siglos.

[1] Juvenal 6.246-67

Bibliografía

Johnston, Harold W., (2010), La vida en la antigua Roma, Madrid, Alianza Editorial.

Mañas, Alfonso (2013) Gladiadores el gran espectáculo de Roma, Bercelona, Ariel.

Quesada Sanz, Fernando (2008), Armas de Grecia y Roma. Madrid, La Esfera de los Libros.
Teja, A. (1995-1996), “Los edificios deportivos de la Roma Antigua”, Historia de la Educación, Vol. XIV-XV (1995-96), pp. 47-59.
Trachtenberg, M., Hyman, I. (1990), Arquitectura, de la prehistoria a la postmodernidad, Madrid, Akal.

7 Replies on “OTTIUM VOL.IV: EL OCIO EN ROMA: GLADIATRIX, MUJER GLADIADORA

  1. Thanks for another excellent post. Where else could anybody get that type of information in such a perfect way of writing? I’ve a presentation next week, and I’m on the look for such information.

Leave a Reply

Your email address will not be published.*