La prostitución en la Antigua Roma

La prostitución en la Antigua Roma

Breve nota introductoria

Pese a que este tema sórdido sigue sembrando polémica en la actualidad, no deja indiferente a nadie, el que se trate del oficio más viejo del mundo, así como tal vez el más llamativo. Sin entrar en discusiones. Todos los que participasteis en la encuesta de hace un par de semanas, sabéis que este tema quedó en segundo lugar, con muy pocos votos de diferencia. Vayamos a ello entonces.

Aunque posiblemente el de prostituta sea el oficio más antiguo, durante todas las épocas ha sido menospreciado, denigrado, etc. A las prostitutas, no se les ha respetado jamás, las cosas claras, sin embargo, en Roma tenían una mentalidad, no de respeto, pero sí que sabían que desempeñaban un papel social fundamental.

Como diría Catón ¿qué es preferible: que los hombres resolviesen sus más viles instintos sexuales con las mujeres de otros o, directamente, fuesen a sitios especializados y así pudiesen dejar a las mujeres decentes en paz? No me voy a atrever a decir que según el moss maiorum la segunda opción era la adecuada, pero sí la más preferible.

Fue tal el papel que tuvieron en Roma, que aún hoy nos quedan reminiscencias de aquel mundo. Claro que sigue habiendo prostitutas, pero me refiero al lenguaje.

Por una parte la palabra “prostituta” proviene del vocablo pro-statataere, que significa estar colocado ante algo o, simplemente, mostrarse ante alguien. Nada más cercano a la realidad, puesto que estas mujeres eran expuestas, ante los clientes, envueltas en los tejidos más livianos.

Por otra parte, el verbo “fornicar” proviene también de este ámbito. Ya que las habitaciones, más parecidas a celdas, de los prostíbulos, donde ejercían su oficio estas mujeres (y hombres) se denominaban fornices.

¿Quiénes eran?

Este oficio era llevado a cabo tanto por  mujeres, las más conocidas, pero también por hombres, a los que dedicaré un breve apartado. Debemos tener en cuenta la gran variedad que había, dentro de este mercado. Podían ser mujeres de toda condición y clase social. Lo habitual es que fueran esclavas, pero también las había libertas, quienes tras haber comprado su libertad, seguían ejerciendo el mismo oficio.

Pan y cabra, escultura en mármol. Museo arqueológico de Nápoles (Gabinete Secreto) Foto extraída del blog Arqueología e Historia del Sexo

Por las fuentes sabemos de mujeres nobles, incluso de la casa imperial, de quienes se decía que practicaban la prostitución para satisfacer sus ansias sexuales. (Sé de sobras que todos estáis pensando en Mesalina)

Había prostitutas para todos los gustos y bolsillos. Las de categoría más bajo cobraban por servicio poco más de lo que podía costar una consumición normal en una taberna.

¿Dónde se contrataban estos servicios?

Los lugares predilectos para ello eran los burdeles, popularmente conocidos como lupanares. El lupanar viene del vocablo latino lupa, loba, término con el cual designaban a las mujeres de esta condición.

Todos tenemos en mente a la loba más famosa de Roma, quien supuestamente había amamantado a Rómulo y Remo. Lo más probable es que se tratase de una lupa, es decir, una prostituta.

Volviendo a los lupanares, podemos saber de su distribución gracias al más famoso: el de Pompeya, en buen estado de conservación. Por él sabemos que eran lugares angostos, no demasiado bien ventilados y distribuidos en diversas celdas, en la que las meretrices recibirían a sus clientes.

Solían vestirse con gasas, o directamente desnudas, para que el potencial cliente admirase y eligiese la mercancía que iba a consumir. Tras su elección se retiraban a una de estas pequeñas habitaciones, que tenían el lecho de paja, incluso de ladrillo. Apenas había intimidad entre habitaciones, puesto que no tenían puertas, por lo que no se prestaba demasiado cuidado a la privacidad.

En el lupanar de Pompeya podemos apreciar los frescos que muestran las diferentes especialidades que podían ofrecer las prostitutas del establecimiento.

Fresco erótico, Museo Arqueológico de Nápoles, Gabinete Secreto.

¿Eran los lupanares los únicos sitios en los que se practicaba la prostitución? Por supuesto que no. Casi tan antiguos como las primeras ciudades lo son los primeros callejones. Las prostitutas ejercían su oficio también en las calles, en los pórticos de los teatros abandonados, cementerios y los más variopintos lugares.

En época imperial fue frecuente el ejercicio de la prostitución en las termas, centros de concupiscencia a partir de la abolición de la separación por sexos.

El caso más llamativo (para mí), son los burdeles ocultos dentro de los templos. Aquí sacerdotisas, posiblemente muy buenas bailarinas, ejercerían una prostitución de carácter sacro, ya que los beneficios obtenidos por prestar sus servicios serían destinados a ofrendas para los dioses.

La prostitución a ojos de la lex romana

En principio la prostitución no era perseguida por la ley, puesto que no se atentaba contra ella. Sin embargo, pese a que había algo de “libertad sexual” en lo que a prácticas se refería había dos cosas tabú: La primera de ellas era el sexo oral. Practicarlo era un acto completamente degradante que te llevaba a la deshonra directa. El segundo tabú era adoptar el rol pasivo en el acto sexual. Es por ello que de requerir estos servicios en un prostíbulo, el coste de los mismos era sumamente elevado.  

Fresco pompeyano.

 

Por otra parte, las prostitutas que querían ejercer el oficio, o directamente eran obligadas, tenían que registrarse para obtener una licencia administrativa, la llamada licentia stupri.

Desde ese momento la prostituta entraba en otra categoría legal que le recortaba ciertos privilegios, como por ejemplo el poder casarse con un ciudadano romano libre. Tampoco podían redactar testamento o heredar.

Además por las fuentes antiguas sabemos que a lo largo de la historia de Roma se dictaron varias leyes que o bien restringían o pautaban conductas de las prostitutas. Ejemplo de ello son las restricciones de indumentarias, o la imposición de pelucas rubias (como la cabellera de las esclavas germanas) para identificar la condición de la meretriz.

Alto relieve, Museo Arqueológico de Nápoles, Gabinete Secreto. Foto extraída de gozarte.net

Además de la condición deshonrosa de una prostituta, debida al libertinaje, a partir del siglo I d.C. se ven obligadas a pagar un impuesto, además de inscribirse en un registro, como he mencionado antes. Esto además de restricciones también les concedía algún derecho, se estipulaban condiciones de su oficio incluso su propio día de fiesta: el 23 de diciembre.

Categorías de prostitutas

Cuando uno se plantaba en un lupanar tenía un amplio abanico de posibilidades, siempre y cuando pudieras pagarlas y en según qué casos, dependiendo de la condición de la prostituta, eran ellas las que decidían si le atendían o no:

            Palas era la prostituta rasa, por decirlo de alguna manera. El nivel más bajo, las más baratas. No podían escoger a sus clientes, tenían que atender a todo aquel que pudiera pagarlo.

            Copae: eran aquellas que ofrecían sus servicios en las tabernas y en las cauponae, (ya hablé de estos lugares en mi post sobre los viajes)

            Forariae: aquellas que ejercían su oficio fuera de los muros de la ciudad.

            Bustuarie: eran las prostitutas que se insinuaban a los clientes y ejercían su actividad laboral en las necrópolis. (Para todos los gustos)

            Delicatae: ésta ya era otra condición, puesto que eran meretrices más refinadas, que únicamente atendían a los clientes que deseaban. Obviamente el precio para estar con ellas era más elevado, que en los casos anteriores.

            Meretrix: Era la que detentaba un lupanar. Aquella que había ejercido de prostituta durante toda su vida y que tras retirarse había seguido con el negocio, pero desde un punto de vista organizativo y era la que sacaba beneficio de lo que ocurría en el establecimiento. (La madame de toda la vida)

Prostitutos: poseo menos información sobre ellos que sobre ellas, pese a que debía haber la misma cantidad y variedad. Estos personajes ervían tanto a hombres como a mujeres. Aunque las penalidades para ellos eran peores. Si un hombre encontraba a su mujer con un prostituto, tenía todo el derecho de asesinarle.

Otra figura clave fue el leno, el proxeneta, encargado de mantener el orden dentro del lupanar y por ofrecer protección a las prostitutas cobraba más de una tercera parte del servicio en concepto de comisión.

Los negocios relacionados con la prostitución

Además de los lupanares y las cauponae, había otro tipo de negocios quiqueenes se enriquecían de la prostitución. El más evidente era el mercado de esclavos, quienes al igual que proveían de gladiadores y esclavos domésticos eran también los proveedores de meretrices principales. Sin mencionar a todos esos esclavos domésticos que se vieron obligados a practicar el sexo con sus amos.

Como consecuencia de todo ello, hubo muchos hijos fruta de relaciones extramatrimoniales, lo cual empezó a dar muy mala imagen de la sociedad. A Augusto era un tema que realmente le preocupaba, por lo que promovió varias leyes contra el adulterio.

Prosiguiendo con los negocios que se beneficiaban de ello, también estaban las termas, ya mencionadas y el que más me llama la atención, los negocios relacionados con la venta de hierbas, infusiones y brebajes destinado a prevenir los embarazos o simplemente a vender plantas abortivas. Sin olvidar, los ungüentos destinados a la cura de lesiones vaginales y anales.

Cuando estos remedios no funcionaban y el niño terminaba por nacer era abandonado o directamente se recurría al infanticidio.

La gran paradoja de la prostitución en Roma

Como lo ha sido en todas las épocas, la prostitución en la Antigua Roma era algo mal visto. Una mujer u hombre de esta clase era automáticamente una deshonra para la sociedad. Sin embargo, no estaba mal visto que un hombre se desahogase con una prostituta, en vez de hacerlo con la mujer del vecino.

Es en este contexto que ellos consideraban la actividad que se realizaba en el lupanar como un papel social esencial, para preservar la dignidad de la sociedad romana.

Pese a todo, pocos pueblos, por no decir ninguno (tal vez haya alguno), que le han reconocido su mérito a estas mujeres y también hombres, pese a que han aguantado bajo sus hombros las cargas más pesadas del Imperio. Esto es un homenaje para todos ellos.

Bibliografía

KNAPP, R.C., Los olvidados de Roma, Madrid: Ariel, 2011.

JOHNSTON, H.W., La vida en la Antigua Roma, Madrid: Alianza Editorial, 2010.

 

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