LA ESCLAVITUD EN ROMA VOL. III. TRATO Y MALTRATO

LA ESCLAVITUD EN ROMA VOL. III. TRATO Y MALTRATO

Bueno a todos los que me habéis seguido hasta aquí, os tengo que dar la noticia de que aquí finaliza este breve ciclo de la esclavitud en Roma. Pero al menos, nos iremos a lo grande, ya que he dejado para este último episodio los aspectos que (a mí) me resultan más interesantes. Empecemos.

Estatus legal

Hasta ahora, se me había hinchado la boca hablando del comercio de personas, los tipos de esclavos, la familia rustica y la urbana, pero no me había parado a definir la palabra esclavo, o más bien el sentido jurídico que tenía esta palabra en la sociedad romana. Ha llegado el momento de hacerlo.

¿En qué radicaba la figura jurídica del esclavo? Exclusivamente en el poder de su amo, lo que se conocía como la dominica potestas y, no hace falta decir, que este poder era absoluto. Esto quiere decir que el señor tenía todo el derecho del orbis a asignarle al esclavo las tareas más trabajosas y degradantes que se le ocurriesen. Lo podía vender, lo podía abandonar y por supuesto lo podía castigar con la muerte.

Como bien dice Johnston, los esclavos eran simples objetos ante los ojos de la ley, como podría serlo cualquier animal de carga o tiro. No podían tener ningún tipo de propiedad legal, tampoco firmar contratos y en los juicios (ojito al dato) sólo podían testificar si estaban siendo torturados. Tampoco podían casarse, como mucho la llamada contubernia, de la que hablé ya en el primer post de este ciclo.

Sin embargo, hay algunos matices. A lo largo de la época imperial hubo algunas leyes algo beneficiosas para los esclavos. Se reconoce hasta cierto punto que el esclavo era una persona y no un objeto. Esto implicaba la prohibición de venderlo para que se convirtiera en un luchador contra fieras salvajes en el anfiteatro. Otra ley dictaba que un señor no podía matar a un esclavo, sólo por el hecho de ser demasiado viejo o estuviese enfermo y por consiguiente ya no fuese útil. (No sé de qué se quejaban los esclavos con estas leyes tan favorables) También se terminó prohibiendo que el amo matase a su esclavo, sin haber seguido todo un proceso judicial.

Aunque parezca un pedazo de avance para la mentalidad romana, lo cierto es que estas leyes eran ignoradas casi por completo. Y me jode me resulta molesto reconocer, que todas estas conductas brutales y las mejoras en las condiciones de los esclavos sólo tuvieron lugar bajo la influencia del cristianismo.

Peculium y Manumisión

Peculium

Me parece algo engorroso, por el tema de faltarle el respeto a un esclavo, compararle con un hombre libre in patria potestate. Sin embargo, hay ciertas similitudes en ambos casos y me gustaría utilizarlas para explicar lo del peculium.

Si bien es cierto que ambos están bajo la autoridad de un amo o un pater familias, respectivamente, y que no podían tener propiedades a su nombre, sí podían efectuarse ciertas concesiones. El pater familias podía asignarle a su hijo ciertas propiedades y él utilizarlas como si fuesen suyas, a lo que se denominaba peculium. Podía ocurrir también en el caso del esclavo y, pese a que él no tenía ningún derecho legal por estas propiedades estaba refrendado por una costumbre inviolable y por la opinión pública, por lo que era algo que se solía respetar. Si el señor estaba de acuerdo y se respetaba el peculium, lo normal es que el esclavo fuese recabando poco a poco dinero propio.

Los que trabajaban en el campo (familia rustica) no tenían tan buenas oportunidades, sin embargo, podían hacer pequeños trueques ahorrando parte de su ración mensual de comida, así como realizar trabajos extra, durante sus horas de descanso. El esclavo urbano, además de tener estas oportunidades, también solía ganarse un dinero extra con sobornos o servicios especiales. Los esclavos que se dedicaban a la docencia solían recibir regalos de sus alumnos.

Por otra parte, tampoco era raro que un señor con luces enseñase a su esclavo a llevar y desarrollar el comercio. En algunos casos era el mismo señor quien le proporcionaba algo de capital al esclavo. Lejos de lo que muchos pudiesen pensar era rentable para el señor a la larga. Con esto mantenía al esclavo motivado y animoso, lo cual suponía una medida de control mucho más efectiva que cualquier castigo corporal.

El peculium era una de las pocas posibilidades que tenía el esclavo para comprar su libertad, ya que si ahorraba suficiente con el tiempo podría comprársela a su dueño.

¿Trataban de hacer esto todos los esclavos? No. Ni todos tenían peculium ni todos los que lo tenían ahorraban. ¿Para qué ahorrar y comprar mi libertad si mis pequeños ingresos los puedo invertir en caprichos lujosos y  comodidades?

Esto del peculium tenía doble cara, puesto que si ya de por si conseguir la suma para comprar la libertad era una tarea ardua y lenta, además cuanto más trabajador era el esclavo mayor era el precio de la suma que tenía que recuperar. Vamos la pescadilla que se muerde la cola.

Manumisión

Como ya he comentado el esclavo podía alcanzar su libertad comprándola, sin embargo, había otras formas. Podía ser liberado como un acto de recompensa por un servicio fiel, incluso por un acto de devoción.

Fotograma de la película Gladiator, Proximo era buena gente.

Para liberar a un esclavo, el dueño únicamente tenía que decir en presencia de testigos que el susodicho era un hombre libre. Sin embargo, lo normal era celebrarlo en una ceremonia formar a la que asistía el praetor. Al esclavo se le colocaba el pilleus, un sombrero que denotaba esa condición de hombre libre. Pasaba a denominarse libertus en referencia a su señor, o bien libertinus en referencia a su clase.

El señor ya no era el dominus, sino el patronus y la relación de ambos, a partir de la liberación del esclavo, era de un vínculo de ayuda mutua y cooperación. El patrón ayudaba al libertus en sus negocios. Además, cuando el liberto moría era el patronus quien pagaba los gastos del funeral y las cenizas eran llevadas al sitio donde descansarían las cenizas del patrón. Esto no quedaba ahí sino que el patronus  se hacía protector de los hijos del liberto y en caso de que no tuviera descendencia, era él quien heredaba las propiedades de su antiguo esclavo.

De igual forma el libertus seguía teniendo obligaciones con su patronus ya que debía asistirle en las ceremonias públicas, si tenía un revés en la fortuna y mostrarle lealtad y deferencia en toda ocasión.

Atuendo y alimento

Esto es glorioso. El esclavo tenía una asignación mensual de grano, que eran unos 28 kilos. A parte, y esto lo sabemos por Catón, que además del gran podía coger las olivas caídas y en el caso de que estas escaseasen podían tomar un poco de pescado salado y vinagre. El menú clásico del romano pobre vaya.

 

En cuanto a la ropa, el esclavo recibía anualmente una única túnica y un manto. Cada dos años recibía un par de zapatos de madera. La ropa gastada se la devolvían al vilicus, para mandarla a remendar a partir de otros retajos.

El trato

Como dice Johnston, si el romano tenía ya de por sí un carácter egoísta y severo, es dudoso que tratase de forma misericordiosa a un esclavo. Sin embargo, tampoco vamos a pensar que por norma general se los maltrataba como si fueran bestias, porque al fin y al cabo, los esclavos eran una mercancía cara.

Debía haber de todo. Tenemos noticias de Cicerón, cuyas cartas dirigidas a su esclavo Tirón denotan un fuerte afecto por su esclavo. Sin embargo en el extremo contrario tenemos el caso de Vedio Polión quien mandó arrojar a su esclavo a un estanque para que fuera devorado por los peces, por cometer el terrible crimen de romper una copa.

Lo más normal es que en circunstancias normales los romanos actuasen como capataces o como jefes si lo preferís que de forma cruel así porque sí. (Ahora cuando os hable de los castigos podréis reíros de este párrafo)

El maltrato

Si bien es cierto, que como he explicado arriba, el maltrato al esclavo no era gratuito, puesto que se trataba de una mercancía valiosa, sí había una serie de castigos específicos según los motivos. Y como soy una masoca os los voy a contar.

Pese a no ser habituales, había un castigo bastante frecuente, destinado a aquellos que cometiesen algún tipo de negligencia en el trabajo o un comportamiento incorrecto: el golpe de vara o azote con el látigo. A la vara se la denominaba ulmus, ya que solía estar hecha con madera de olmo, mientras que el látigo, scutica o lorum, solía utilizarse dando un azote con nueve ramales hechos a partir de cuerdas o tiras de piel.

Esta era la modalidad básica del latigazo, que te portas peor pues ya le vamos a añadir trozos de hueso, incluso botones metálicos que rasguen, como Juno manda, la carne. Cuando se le añadían estos preciosos accesorios el látigo recibía el nombre de flagrum o flagellum. ¿Que se resiste la victima? Pues se la ata a una viga y en paz. ¿Se sigue portando mal? Pues le ponemos unos buenos pesos atados a los tobillos y que disfrute.

Más castigos: todos tenemos en la cabeza los cepos que se usaban en Nueva Inglaterra, en los que el esclavo era expuesto a la burla de sus compañeros, con todos sus miembros cogidos, de forma que no pudiese moverse.

Comodidad ante todo

Variante de esta anterior era la furca, una especie de horquilla, que terminó definiendo un tipo de abuso muy común: furcifer. Se obligaba al castigado a llevar sobre los hombros la horquilla de madera, de forma que sus brazos quedaban atados  y estirados por delante. Debía hacer vida con eso puesto, así los demás quedaban advertidos.

No se andaban con chiquitas estos romanos, sin embargo, pese a lo terrible de los castigos anteriores, peor era para un esclavo de ciudad que lo enviase al campo, donde iba a desempeñar trabajos mucho más duros de los que solía realizar en la urbs. Girar la pesada rueda de un molino o ser enviados a las canteras a picar piedra. Glorioso todo ello.

Pero por si fuera poco todo ello y el esclavo era duro de pelar, siempre habría un huequito para él en la arena de algún anfiteatro.

Esto sólo para las ofensas, que podría ser romper una copa, como podíamos ver en el caso citado antes, hablemos ahora de crímenes de verdad.

¿Qué era lo que más podía aterrar a un romano? Eran supersticiosos de narices, pero si hablamos de cosas más reales, una insurrección de esclavos ocuparía uno de los primeros puestos. Incluso al amo más bueno y prudente siempre le alteraba el sueño la idea de ser degollado durmiendo. Este temor era lo que les hacía ejecutar esos castigos tan crueles.

El esclavo fugitivo era ante todo un criminal que se había robado a sí mismo. (Retorcido ¿no?) Esto lo convertía en culpable por robo y por mal ejemplo para sus iguales. Pero eso no era todo, sino que además un esclavo fugado solía convertirse en un bandido, que lo único que le faltaba era encontrar a un Espartaco por el camino, para que le guiase. El dueño ofrecía cuantiosas recompensas para que fueran en su búsqueda, incuso había personas que se ganaban la vida así, buscando a esclavos para obtener estas recompensas.

¡Ay! Como enganchasen al pobre esclavo. El fugitivus era devuelto encadenado, era azotado casi hasta morir y luego el destino más frecuente era la cantera, donde terminaba sus miserables días. Además le marcaban una f de fugitivus en plena frente y a veces un collar de metal al cuello. Se han conservado algunos de ellos.

Fotograma del Espartacus de Kubrick

Si el esclavo intentaba asesinar a su señor el castigo era la muerte, pero de la forma más dolorosa: la crucifixión. También aplicada en el caso de las insurrecciones, como los 20.000 esclavos crucificados en Sicilia. Pero este castigo no sólo caía sobre el esclavo, sino también a la familia del desobediente. En el caso de cometer un crimen, y no descubrir la autoría, se crucificaba a todos los esclavos del mismo señor

Por último mencionaré que los castigos menores ordenados por el señor eran infligidos por otro esclavo, designado para tal cometido, quien recibía el nombre de lorarius o carnifex. Esto no siempre lo cumplía el mismo y, de hecho, era un cargo degradante, para quien lo tuviera que ejercer. Precisamente este término luego fue utilizado para cualquier tipo de abuso o abusador, como si fuese un insulto.

Fin del ciclo

Hasta aquí ha llegado este ciclo sobre la esclavitud en Roma. Un campo en el que podríamos indagar hasta el infinito si tuviésemos tiempo, pero más vale parar a tiempo. A través de estos tres artículos, hemos ido viendo todo el negocio humano, el trabajo de estos siervos, hemos conocido al esclavo de campo y al de ciudad, por último he dado unas breves pinceladas sobre su día a día, el trato y el maltrato, que es lo primero que nos viene a la cabeza cuando mencionamos la esclavitud. Espero que este ciclo os haya ayudado a comprender un poco más ese submundo que sustentó Roma por siglos. Hasta la próxima.

Bibliografía

Johnston, H. W. (2010), La vida en la antigua Roma, Madrid, Alianza.

Knapp, R.C. (2011), Los olvidados de Roma, Madrid, Ariel.

Toner, J. (2012), Sesenta millones de Romanos. La cultura del pueblo en la Antigua Roma, Barcelona, Crítica.

Toner, J. (2016), Cómo manejar a tus esclavos, Madrid, La esfera de los libros.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.*