LA ESCLAVITUD EN ROMA VOL.II: TIPOS DE ESCLAVOS

LA ESCLAVITUD EN ROMA VOL.II: TIPOS DE ESCLAVOS

Bienvenidos de nuevo a este segundo post del ciclo “La esclavitud en Roma”. Tras haber abordado la semana pasada todo lo relacionado con el negocio de esclavos, al igual que hice con las prostitutas, voy a hablaros de los tipos de esclavos que levantaban el Imperio.

Servi publici et servi privati

O lo que es lo mismo, esclavos del Estado y esclavos particulares. Tu vida se podía considerar una mierda  Si eras un esclavo ni siquiera podías utilizar la expresión “mi vida”, sin embargo, parece ser que aquellos propiedad del Imperio “vivían” algo mejor que los esclavos particulares. Era más difícil que fueran vendidos, no tenían trabajos tan duros y además no tenían que aguantar a un estúpido caprichoso. Sus labores pasaban desde el cuidado de edificios públicos a ayudar a los diferentes sacerdotes y magistrados. Tampoco era extraño que algunos fueran utilizados como grupo de bomberos, lictores e incluso carceleros.

Esclavos porteando vino, mosaico romano, Dugá, Túnez, siglo II

Por otra parte, los esclavos privados sí estaban sujetos a los caprichos de su amo. Eran fácilmente vendibles. Su principal función era atender las necesidades domésticas de su señor, es decir, para su servicio personal, lo que conocemos como familia urbana. Sin embargo, algunos eran reservados para sacar beneficios, es decir, podían ser usados en los negocios de su amos o simplemente eran alquilados a otras personas. Lo más habitual, es que este último caso se diese en las granjas, lo que se conoce como familia rustica. Hablaré de ambas más adelante.

Los trabajos artesanales, sé que no debo utilizar para nada el término “industrial” en este contexto, a no ser que quiera ser apedreada la próxima vez que pise una ciudad. En todo caso para todo trabajo que no necesitaba cierta cualificación se empleaban ejércitos de esclavos. Como porteadores, por ejemplo, que transportasen materiales, estibadores, para cargar y descargar la mercancía de los barcos. Sin embargo, también había esclavos cualificados que ejercían de albañiles, canteros, herreros, artesanos, carpinteros, etc. Además los vendedores y cualquier comerciante, así como los molineros, panaderos y todo trabajador de la época necesitaban sus ayudantes, lo que significaba más esclavos.

Ya lo mencioné en el post de la semana pasada, pero es que las profesiones liberales también estaban en manos de la mano esclava. Ejemplo de ello eran los diseñadores de mobiliario los artistas que trabajaban la labra en piedra o la talla en madera, los artistas musevarios e incluso los copistas de libros. ¿Quiénes más eran esclavos? No terminaría nunca: acróbatas, actores, músicos, gladiadores y un largo etcétera, que no acabaría nunca, teniendo en cuenta que los romanos menospreciaban casi cualquier trabajo.

Todo esto está muy bien, pero ¿había algún tipo de promoción para el esclavo? Lo cierto es que sí, ya que si un esclavo demostraba habilidades para ejecutar una tarea o el conocimiento técnico necesario, su señor podía darle el capital necesario, para emprender su propio negocio o la profesión que había desempeñado con maestría. Es entonces cuando vemos a los esclavos ejerciendo el oficio de directores de bancos, empresas o capataces. ¿Cuál era el móvil para la gran mayoría de ellos? Muy sencillo: conseguir el suficiente dinero para poder comprar su libertad.

Ahora definiré los dos grandes campos en los que se empleaba a la mayor parte de mano esclava.

La familia rustica

Este término abarca a los esclavos utilizados en las grandes granjas de los latifundistas, que a finales de la República ya habían sustituido a la mayor parte de las pequeñas granjas de los tiempos anteriores. El propietario de estos latifundios ya no tenía una finca con su casa, sino que se trataba de un terrateniente que vivía en la urbs y únicamente visitaba su propiedad rústica por motivos de negocios o por placer. Así que aquí podríamos distinguir entre dos tipos de finca:

Por una parte las destinadas al placer, las villas como en la que vemos a César y a Cleopatra en las Doce Pruebas. Fuera de bromas estas fincas eran elegidas con cuidado, su proximidad a la ciudad y su belleza eran importantes, porque al fin y al cabo eran fincas de recreo.

Fotograma de la película “Las doce pruebas de Asterix” Tiene una escena para cada uno de mis post

Tenían parcelas de caza, lagos y estanques artificiales y otros elementos de lujo. Pero claro, ¿quién mantiene todo eso? Cuida los jardines, échale de comer a los pececitos, etc. Se necesitaba una gran cantidad de esclavos para ello. Y no cualquiera valía, se escogían a los de la mejor categoría, que supieran decorar y cuidar los jardines, cultivar árboles frutales y, sobre todo, flores. También labores de caza y pesca, actividades muy populares entre los romanos. Dentro de esta finca los esclavos estaban sometidos a la supervisión de vilicus el administrador de la hacienda, del cual hablaré después.

Villa Adriana en Tívoli construida por el emperador Adriano. Fuente en: http://bit.ly/1iJqkJm

Otra cosa bien distinta eran las granjas. Es aquí cuando el término familia rustica se aplica más adecuadamente, ya que los utilizados en las otras fincas ejecutaban unas tareas más propias del cuidado personal de su amo, que para conseguir beneficios. Las labores de estos esclavos eran más agricultoras y ganaderas. Como ya hacía tiempos que el cereal no era rentable en Italia, otro tipo de cultivos se habían adueñado de la península, en especial la vid y el olivo.

Por otra parte, en estas fincas se criaban gran cantidad de cerdos y ovejas. Los primeros eran el plato favorito de los romanos, mientras que las segundas para lana y también así como para la producción de queso. Las abejas no se quedaban atrás ya que la miel era utilizada tal y como hoy utilizamos el azúcar.

Sin embargo, no sólo era una producción agrícola y ganadera, sino que en estas parcelas también había producciones de materiales de construcción. Cabe destacar la fabricación de tejas, ladrillos o la tala de árboles, para la producción de madera, sin olvidar las canteras. En estos últimos lugares, los esclavos más duros e indomables pasaban sus horas encadenados, trabajando durante el día y durmiendo en cárceles al caer la noche.

Ahora es el momento de hablar del viculus, antes mencionado. Este esclavo era el administrador o capataz de una determinada granja. Era un cargo elegido personalmente y cuidadosamente por el amo. Solía ser un tipo duro, ya que sus aspiraciones de libertad dependían de los ingresos que tuviese su amo al final del año. Era un trabajo duro, además de la organización de toda la producción tenía bajo su control a un grupo de esclavos y a su vez a otro grupo de esclavos que se encargaban del cuidado de los primeros.

¿Qué hay de la familia urbana?

Precisamente, todo lo contrario ocurría en las ciudades. El ciudadano rico tenía en su casa una sartenada gran cantidad de esclavos, únicamente para su cuidado personal. Y como me encantan estas mierdas  Y como me apasiona el tema voy a hacer un recorrido por los distintos esclavos domésticos, que se podían encontrar en las casas de los ricachones romanos:

En primer lugar, en los tiempos antiguos podíamos encontrar la figura del atriensis, lo que conoceríamos hoy como un mayordomo (sí, sí,…ya sé que todos tenemos un nivel adquisitivo como para tener un mayordomo en nuestra domus) era un poco como el viculus en la granja. Hacía las veces de administrador, hacía la compra, mantenía limpia la casa, llevaba las cuentas y vigilaba al resto de los esclavos.

Sin embargo, a finales de la República la cosa cambió. Otros esclavos comienzan a liberar de algunas de estas tareas al atriensis. Por ejemplo, el dispensator comenzó a encargarse de la compra y la vigilancia de las cuentas de la casa. ¿Qué hacía entonces el atriensis? Simplemente le quedaron las tareas de supervisión de la casa y del mobiliario.

Con el devenir de los siglos, el trabajo doméstico de una domus se fue diversificando, cada vez más. Las distintas partes de la casa tenían un grupo de esclavos específicos. Se parecía más a la legión que otra cosa. Conforme los tiempos se volvieron más ostentosos, los esclavos fueron en incremento. Cada zona estaba dividida en decurias. Una para los cubicula, otra para los triclinia… Para que os hagáis una idea: Si tú llamases a la puerta de una domus, te abriría un esclavo denominado ianitor u ostiarius. Habitualmente solía estar encadenado a la puerta, como si fuese un perro, para asegurarse de que cumplía su función.

“Aseo de una matrona romana”, Oléo, Lawrence Alma-Tadema, 1889.

Como hemos dicho cada área de la casa tenía trabajos diversos y cada uno de ellos era designado al esclavo. Un trabajo, un esclavo. Para imaginarnos esta complejidad se puede poner el mismo ejemplo de Johnston: dentro del cuidado personal del señor o la señora, había varios esclavos. El señor tenía un ornator, un tonsor y un calceator. (Se podría resumir en cabeza, cuerpo y pies). La señora, por su parte, tenía a una ornatrix y a un cinifo o cinerarius, que sería como el peluquero. Además de estos, cada señor o señora tenía a tres o cuatro esclavos más, que les ayudaban con el baño.

Incluso sus pequeños vástagos sus hijos tenían a sus propios asistentes. Tanto niños como niñas tenían a la nutrix, la nodriza, sin embargo, los niños tenían además al paedagogus, el profe, y al pedisequi, el esclavo que le traía las tablillas, el cálamo y lo que hiciera falta para sus estudios. (Seguro que no tendría problemas de espalda, como los niños actuales).

Pero luego, además de todo esto, si los señores abandonaban la casa, llevaba un numeroso séquito de esclavos. Los primeros les abrían paso y los que iban detrás de los señores llevaban sus objetos personales. El señor si iba solo, era acompañado por el nomenclator, un esclavo dedicado a recordarle el nombre de aquellos a quien saludaba, por si el señor tenía demasiadas cosas en la cabeza, como para recordar el nombre de un conocido. Si iba en lectica, litera, llevaba cuatro porteadores, habitualmente de naturaleza siria o capadocia, quienes iban vestidos con vistosos trajes.

Cuando el señor visitaba una casa sus esclavos le atendían hasta la puerta. Una vez dentro eran los esclavos del anfitrión los encargados de prestarles atenciones. Si ya hablamos viajes en carros fuera de la ciudad… imaginaos el número de esclavos. Seguro que en la Decimotercera había menos gente. (Sí,…me encanta recurrir a la Decimotercera)

Fotograma de la serie Roma, adoro a estos muchachos

Obviamente toda esta comitiva sólo podía ser mantenida por un hombre rico, que tuviese una obsesión por seguir las modas que había en la corte. No os penséis que todo romano podía permitirse eso. Se aplicaba una ley universal: cuanto más ostentosa la casa más esclavos eran necesarios.

Os dejo que reflexionéis en si hubieseis vivido esa época y tuvierais tal número de esclavos, cómo sería vuestra vida o, por el contrario, si fueseis el ostiarius de una domus, todo el día encadenado a la puerta, o la esclava de una señora cuya única misión era llevarle el monedero en los trayectos por la ciudad. Seguro que se os pasa la palabra “ridículo” por la cabeza.

Hasta aquí el segundo artículo de la esclavitud. El próximo miércoles se finaliza este ciclo de esclavos en Roma, pero lo haré con el post más interesante, en mi opinión. Hablaré del su estatus jurídico, su vestido, alimentación, el trato en general y el maltrato en particular. Hasta pronto.

Bibliografía

Johnston, H. W. (2010), La vida en la antigua Roma, Madrid, Alianza.

Knapp, R.C. (2011), Los olvidados de Roma, Madrid, Ariel.

Toner, J. (2012), Sesenta millones de Romanos. La cultura del pueblo en la Antigua Roma, Barcelona, Crítica.

Toner, J. (2016), Cómo manejar a tus esclavos, Madrid, La esfera de los libros.

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