¿Cómo se ganaba la vida un romano? Vol I: La Nobilitas

¿Cómo se ganaba la vida un romano? Vol I: La Nobilitas

A la famosa frase Panem et circenses, pan y circo, habría que añadirle “sobre todo panem” y es que si me pongo a pensar en las formas en las que se podía ganar la vida un romano, me quedo bastante corta. Todos tenemos la imagen en la cabeza de un optimate comiendo y bebiendo, tumbado en un lecho mientras habla de política y mujeres con sus amigos. También hemos visto a las tropas romanas saqueando y las eternas escenas de mercado. Pero ¿eso era todo?

Me cuesta bastante imaginar a la gente corriente. Los que ni son gente pudiente, pero tampoco son esclavos, es decir, la popularmente llamada plebe. Es un esfuerzo que me cuesta horrores imaginarme a cada estrato social y es horrible esto si, además, escribes novela histórica, pero bueno, siempre nos quedarán los libros para informarnos de estas cosas.

Esta entrada se ha alargado bastante, conforme la he ido escribiendo, por lo que considero que lo mejor es realizar un ciclo, como el que hice del ottium o de la esclavitud.

No me considero una persona innovadora así que este ciclo se va a estructurar según ha clasificado la historiografía política la sociedad romana. Esto sería: nobles, también llamados oligarquía u optimates para los adentrados en la materia; los equites o caballeros y la ya mencionada plebe.

La nobilitas: ¿qué hacían esos señores además de beber vino tumbados?

Decir nobles en época republicana era lo mismo que decir orden senatorial. Esto es así porque los nobles, originalmente, eran los descendientes de aquellos que habían ejercido las magistraturas curules. El Senado estaba compuesto por hombres que habían desempeñado las magistraturas más altas, por lo que en esta época apenas hay diferencia entre ordo senatorial y nobilitas. Pero, lo mismo que digo esto también digo otra cosa, en la época republicana la línea que dividía los estratos sociales era muy fina, pues como ahora, todo dependía del dinero que guardases en el bolsillo. De ahí la subida en la escala social de un homo novus.

Yo no digo nada

Pero como con casi todos los aspectos políticos, sociales y culturales llegó Augusto, que a él sí que le apetecía innovar  (no como a mí). Con el gobierno de Augusto comienza el Imperio y con él la brutal separación de castas hereditarias. Esto lo consigue dictando que solo los descendientes de aquellos quienes hubiesen desempeñado las magistraturas curules podían presentarse a dichos cargos. El fruto de toda esta regulación es el nacimiento de una nobleza hereditaria, a la que solo se le añadían nuevos miembros en caso de que el emperador así lo aprobase. Además, el emperador no sólo revisaba las listas de los nobles, sino que también controlaba quién podía entrar en el ordo ecuestre.

Bueno, tras esta quizás demasiada extensa introducción de la nobilitas es necesario decir ahora cómo se ganaban la vida. Tal y como ha pasado hasta hace muy poco, el trabajo no dignificaba sino que era sinónimo de vulgaridad. ¿Cómo esperar que un optimate pudiese dar un palo al agua? Y os va a sonar directo, pero sus actividades económicas estaban directamente ligadas a la corrupción de la vida pública, sobre todo durante el último siglo del periodo republicano. Los nobles no podían desempeñar ningún tipo de trabajo ya fuese intelectual o manual que implicase una retribución económica, porque echaría por los suelos su estatus. ¿Qué actividades se salvaban?: la agricultura, la política y la guerra.  ¡Pero ojo! puesto que estas dos últimas actividades eran un servicio teóricamente altruista, ya que ninguno de los senadores, magistrados y oficiales tenían un salario estipulado. La supuesta recompensa era el honor que recibían por desempeñar esa noble función y beneficiar al pueblo romano.

El sistema funcionó bien hasta las Guerra Púnicas. Antes, todos los romanos se dedicaban a sus granjas, cultivaban lo que necesitaban para vivir y sólo abandonaban la agricultura para servir en el ejército o por ser demasiado viejos. Después de la legión regresaban a sus bucólicas fincas. Pero, la aristocracia de los tiempos posteriores reventó todo con su corrupción y esta teoría ya no tenía el mismo sentido que antaño.

Fotograma de la película Las Doce Pruebas

Agricultura

Posteriormente, el campesino ya no trabajaba sus campos. Los campesinos habían desaparecido prácticamente de Italia, con la aparición de los latifundios, que absorbieron a las pequeñas explotaciones agrícolas. Todo ellos sin mencionar que los fines y métodos de la agricultura habían cambiado completamente. El cereal ya no se cultivaba en Italia ¿para qué?, me sale más barato traerlo de Egipto. Así que prácticamente los únicos cultivos fueron el olivo y la vid. ¡Vino y aceite que no falten! Estos cultivos eran muy rentables y  muchos nobles tenían plantaciones en las provincias, cuyos ingresos le permitían mantener en Roma, el estilo de vida correspondiente a su estatus. Además de la agricultura, la explotación de canteras y fabricación de tejas y ladrillos eran negocios que un optimate bien podía dirigir.

Política

En época republicana la política era únicamente provechosa para los cargos más altos. Además no había un sueldo asignado y los beneficios directos de las bajas magistraturas apenas conseguían abarcar los gastos que suponía un ascenso.

¿Formas de hacer política? Ahora nos echaríamos las manos a la cabeza, pero antes estaba bien visto que el político de turno gastase grandes sumas de dinero en espectáculos públicos y, con ello, ganar popularidad ante el pueblo, quien votaba en las elecciones.

Praeco o pregonero. Fotograma de la serie Roma.

Si los políticos no tenían salarios asignados, ¿de dónde provenía su riqueza? Los beneficios procedían fundamentalmente de las posesiones provinciales. Lo normal es que un cuestor en una provincia, consiguiese el cargo de pretor y de cónsul posteriormente, lo que equivalía a un año en el extranjero. El marchar a las provincias suponía una oportunidad para conocer mercados provechosos. Lo normal es que un buen gobernador era elegido por una comunidad para vigilar sus intereses en la capital, lo que implicaba regalos valiosos cada x tiempo. Además, si no eras buen gobernador y sí eras un poquito corrupto una provincia equivalía a una mina de oro. Allí se practicaban todo tipo de extorsiones y robos. Además no era sólo el gobernante quien se enriquecía, sino la cohors que lo acompañaba.

Asterix en Helvecia

El Imperio introdujo reformas en la administración provincial, pero esto no salvó del todo a las buenas gentes que allí vivían. La extorsión es como la mala hierba, que nunca muere.

Leyes

Si no te iba la tierra ni la política siempre podías emprender una carrera de leyes. Que, alto ahí, tampoco debían cobrar. Por tanto, esta profesión era un medio de conseguir importancia social o éxito político, además de que era de las pocas formas de progresar para los hombres que no tenían influencia familiar.

La gracia de esto es que cualquiera podía participar en un tribunal, no había unas condiciones obligatorias y todo mundo podía realizar una acusación. Era habitual que los políticos jóvenes usasen este método para hacerse conocidos, aún sin una base real de la acusación.

Un abogado tenía prohibido recibir dinero por sus servicios, pero las leyes al respecto eran fáciles de esquivar y los regalos valiosos eran abundantes. Al final eran tan habituales este tipo de cobros que el emperador Claudio tuvo que regularlo y marcó unas tarifas.

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Otra opción era meterte a juez (praetor) y ejercer desde ahí la corrupción, oficio muy respetado en todas las épocas y muy de moda. Los sobornos eran una buena fuente de ingresos, aunque eran más habituales en los jurados (iudices).

Historias de la puta mili

La carrera militar era muy provechosa. Como con en todo lo anterior, había que mirar la otra cara de la moneda. Un oficial militar no tenía un salario estipulado, pero estaban los botines de guerra.  El botín de guerra era nominalmente del Estado, pero antes de llegar a Roma pasaba por las manos del general, por sus hombres de confianza y luego por todos los que estaban por debajo. Luego ya se mandaba a Roma lo que sobraba.

Pero además la guerra traía consigo otros comportamientos que eran considerados legítimos, como la venta de esclavos. Otros ilegítimos también eran ejercidos, como las fortunas conseguidas por la venta de recursos para el ejército por precios desproporcionados o estos mismos recursos desviados para destinos privados.

Pero bueno, otra fuente de ingresos enorme procedía de las proscripciones. ¿Cómo era esto? Pues todas las propiedades confiscadas a un rival político eran vendidas al mejor postor. Además, cuando salían las proscripciones (me las imagino como las listas de las oposiciones, todos ahí mirando su nota) digamos que había una lista de amigos y otra de enemigos (Sila tenía muchos amigos). Si a un abogado se le hacían grandes regalos, imagínate a aquel que tuviese que rayar tu nombre en una tablilla de cera o en otra (le regalo hasta a mi hijo si hace falta).

Además toda guerra llegaba a su fin y los soldados tenían que afincarse en algún sitio para no dar problemas en las ciudades. El negocio redondo era aquel que se encargaba de la distribución de parcelas de tierra. Las parcelas en su mayoría procedían de rivales políticos y los sobornos, por conseguirlas o por que no fuesen expropiadas, procedían de ambos lados.

En definitiva:

Las fuentes de ingresos de la nobilitas era una contradicción en sí misma. Yo no puedo trabajar porque mi estatus se ve afectado, pero tampoco puedo no hacer nada porque no puedo mantener el nivel de mi estatus (creo que se ve bien la paradoja). Por tanto, la nobilitas solía dedicarse a actividades que no entrañaban ninguna remuneración económica, pero que tenga su lado B (y sí, lo estoy diciendo con malicia) constituían vías para potentes ingresos  o regalos en su defecto, procedentes de la extorsión, los sobornos, confiscaciones, etc.

En la próxima entrega del ciclo hablaré sobre los equites, hombres de negocios, comerciantes, médicos y soldados. Si os ha gustado no dejéis de seguirme en las redes, para estar al día. Un saludo y hasta la próxima semana.

Bibliografía

Harold W. Johnston, La vida en la antigua Roma, Madrid: Alianza Editorial, 2010.

Bravo, G., Historia del mundo antiguo, Madrid: Alianza Editorial, 1998.

Giardina, A., El hombre romano, Madrid, Alianza Editorial, 1991.

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