Cultos “extraños” en la Antigua Roma

Cultos “extraños” en la Antigua Roma

Sinceramente, este es el título más impreciso que le podría poner a un artículo como este. ¿Quién iba a pensar, en la encuesta que hice en Twitter para elegir el tema de esta semana, que iba a salir vencedor los “Cultos extraños” frente a la “Prostitución en la Antigua Roma”? Bueno, eso me pasa por pretenciosa, tendría que haber pensado mejor en el berenjenal en el que me metía.

Mi cara al ver el resultado de la encuesta

Encima,  cuando puse “cultos extraños” me quedé más ancha que larga y ahora que ha salido vencedor, me toca definir ese odioso concepto y que además entre dentro de los límites soportables de un post. Entremos en materia:

El segundo artículo que publiqué en este blog, versaba sobre las claves para entender la religión romana, por lo que no me voy a detener en volverlo a explicar, pero sí querría enfatizar en un aspecto, que considero esencial: la dualidad de la religión romana, que oscila entre el conservadurismo, es decir, esa defensa por los dioses de Roma y, por otro lado, la captación de nuevas divinidades, procedentes de los territorios conquistados.

¿Qué quiere decir esto? Pues que la religión romana es inmensamente compleja, tiene un sinfín de dioses, tanto propios como extranjeros, por lo que me resulta terriblemente difícil abarcar un tema como este. Así que sólo voy a daros una pequeña introducción y citaré los cultos que me parecen más curiosos.

¿A qué me refiero con “cultos extraños? Simplemente a los cultos más llamativos y algo menos conocidos de la religión romana, cuya procedencia vendría del ámbito helenístico y oriental y que además, su práctica requeriría unos misterios, es decir una serie de ritos de iniciación, para los nuevos adeptos.

¿Por qué estos misterios o ritos secretos destinados a unos pocos? Hablé en el post de religión de la carencia de devoción personal de la religión romana. Pues bien, empiezan a aparecer cultos que garantizaban la salvación después de la muerte. Ahora bien, ¿cómo un regalo así iba a estar destinado a todos los hombres, si a cambio de ello no se realizaban unos cultos especiales y secretos? Si no te inicias no hay salvación.

Había un sinfín de ritos secretos, que rebasaban la religión y se adentraban en otros terrenos, como la filosofía y la matemática, pero también aparecían contaminados por las religiones orientales, por lo que nos resulta imposible clasificarlos, así como tratar de dar una cronología específica, aunque nos podemos hacer una idea gracias a la arqueología y a la cronología de los templos hallados.

Para no seguir yéndome por los cerros de Úbeda he decidido hacer la misma distinción que hizo Jean Bayet en su libro. Este autor (clave en cuestiones de religión romana) dividió los cultos de salvación entre dos grandes grupos: por una parte los dioses del mundo vegetal o ámbito biológico y, por otra, los vinculados a los ciclos de renovación de los astros. ¡Vamos allá!

DIOSES VINCULADOS AL ÁMBITO VEGETAL/BIOLÓGICO

Culto de Ceres

Como todos vosotros que os gusta deambular por estos lares de la Historia Antigua sabéis que la diosa Ceres, no es más que la asimilación romana de la diosa griega Deméter, fusionada con una divinidad itálica anterior, que tenía las mismas características. El nombre Ceres procede del verbo latino crecere, que ya hace alusión al ámbito de actuación de esta divinidad. Es la diosa de la fertilidad, las cosechas, los cereales, en definitiva una dea agraria, famosa por el episodio del rapto de Proserpina (Perséfone, para los helenos) que ofrecía una explicación para las distintas estaciones del año. (Puede que algún día haga un post sobre los mitos más bonitos de la mitología greco-romana…)

Realmente, el culto de esta diosa no requería ninguna iniciación, por parte de nuevos adeptos, ya que estaba en el día a día de cualquier romano. Como diosa de la fertilidad se encomendaban tanto las gentes que pedían por una buena cosecha, como las mujeres que estaban a punto de ser madres o deseaban serlo. Además, al ser diosa de las cosechas, fue quien ayudó a los pueblos nómadas para asentarse en un lugar fijo.

La diosa Ceres, siglo I d.C., Museo de Arte Romano de Mérida

La importancia de esta diosa era tal, que dicho culto tenía su propio sacerdote específico, el llamado flamen Cerialis y los responsables administrativos del culto eran plebeyos, ya que esta diosa era considerada una divinidad puramente plebeya. Frente a la imponente tríada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva), más oligárquica, se encontraba la tríada agraria: Líber, Libera y, por supuesto, Ceres en cabeza.

Cultos dionisíacos

Curiosamente y comprensiblemente el dionisismo fue el más universal de todos los cultos.  Sabemos que estas prácticas comenzaron ya en Grecia, diluyéndose con el culto a Pan y continuándose en época romana gozando de inmensa popularidad. Ya no os lo digo por el tema del vino, las bacanales, etc. Sino porque la figura de Baco (Dionisos en Grecia) era asimilado a gran cantidad de dioses locales, como por ejemplo a Sabazio de los tracios, también a los Baales arameos, el Yahvé de los judíos, a Osiris y Serapis, entre otros.  Es mucho más fácil adaptarse a un dios familiar que a uno impuesto por la fuerza.

“A dedication to Bacchus”, Lawrence Alma-Tadema, Oléo sobre tabla, 1889.

Por otra parte, el culto a Baco, propiamente dicho, no estaba nada mal, para los ojos inocentes, que se dejan cautivar por las danzas y la suntuosidad teatral. Estos ritos en Asia eran llevados a cabo por colegios de actores consagrados, los technitas, mientras que en África eran frecuentes procesiones con gestos violentos de los tiempos primitivos.

Las iniciadas en el rito eran inicial y exclusivamente mujeres, las denominadas bacantes. Durante las Grandes Dionisíacas en marzo, estas conducían a las mujeres a una arboleda y consumían drogas y, por supuesto, vino. De esta forma entraban en el trance que les permitía un contacto directo con el dios.  Posteriormente se incorporaron al culto los hombres y de ahí las connotaciones depravadas de las bacanales.

Culto a Cibeles y a Attis

Esta diosa de ascendencia frigia tuvo continuidad en Grecia, pero cobró mucha importancia en Roma. Vivió durante mucho tiempo encerrada en el Palatino, rodeada por la decoración grecolatina de los juegos Megalenses. Fue con el emperador Claudio que la diosa salió de su encierro y comenzó a considerarse un culto de salvación.

Junto al culto a Cibeles estaba el de Attis, dios compañero que muere y renace bajo un símbolo vegetal, siempre con la promesa de resurrección. Durante la gran liturgia del 15 al 27 de marzo  estos dos dioses aparecían juntos. Se efectuaba una procesión cuyos participantes portaban cañas, conmemorando de esta forma el descubrimiento del niño expuesto sobre el río Sangarios. La procesión daba paso al sacrificio del toro de la fertilidad y tras este comenzaba toda una semana de abstinencia y continencia (la peor semana del año).

(Ahora viene lo bueno) Un pino cubierto de cintas y guirnaldas de violetas, como si fuese un muerto, que representaba al dios Attis. Este tronco era acompañado  por lamentos de duelo, como si de un funus se tratase mientras que (ojo al dato) los llamados Galii  y los neófitos se infligían sangrientas heridas y si estaban inspirados podían llegar a la castración y así dedicarse por completo a la diosa Cibeles. De ahí que el día 24 de marzo se denominase Sanguis “día de la sangre”.

Sobra decir quién es y dónde está esta fuente

Por si no fuera poco, tras este día comenzaba un estricto ayuno y una velada fúnebre, Pannychis. Tras esta, el Archigallo anunciaba la resurrección y los fieles rompían en alegría el día 25 de marzo (Hilaria)

Por último el día 27, una procesión triunfal cruzaba Roma y el campo, para llevar al ídolo de Cibeles a su baño en el Almo, la denominada lavatio. Este rito estaba destinado a atraer la lluvia. Las sinuosas danzas, los espectaculares trajes frigios así como los gestos y las músicas orientales, sin olvidar las mortificaciones y la alegría desmesurada, hacían que se prestase atención al culto.

La antigüedad de este culto en Roma, junto con la habilidad de absorber múltiples devociones particulares, garantizaron una rápida y duradera expansión, a lo largo de todo el Imperio.

Culto a Isis

Si bien Tiberio mostró un rechazo a las religiones de Egipto y de Judea, Calígula levantó un templo oficial a Isis en el  mismo Campo de Marte. El emperador Domiciano lo adornó suntuosamente y Caracalla construyó un templo oficial a la diosa, todavía más grande, en el Quirinal.

Su instauración dentro de la religión romana surgió de forma helenizada y la diosa solía aparecer en pareja con Serapis. Ambas divinidades eran dioses ctónicos, astrales, sincréticos, pero sobre todo eran dioses de fecundidad. Reyes de la naturaleza viva, pero también de los infiernos. Además en Roma, toma su apariencia egipcia gracias también a ese gusto por lo exótico y lo fabuloso. Los templos dedicados a Isis solían hacerlo de forma que parecieran universos cerrados y el fiel halaba en ellos un resumen del propio Egipto. Formas semianimalísticas surcaban sus paredes, los arcanos de las escrituras sagradas etc.

Isis, siglo II d.C., Museos Capitolinos

Fue un culto mucho más popular que el de Cibeles. Esto es así porque se basaba en ceremonias cotidianas que asociaban a los fieles con la apertura y clausura del templo. Para empezar estas ceremonias, primero se avivaba el fuego sagrado, después se presentaba el agua sagrada y el despertar de la estatua de la diosa. Esto seguía acompañado de adoraciones, oraciones, cánticos, melodías con flautas, chasquidos de sistro, que ayudaban a percibir la presencia de la divinidad en el templo. Por la tarde, antes de caer la noche se hacían ceremonias inversas, para proceder a la clausura del templo y para dejar las almas en espera hasta el día siguiente.

El culto a Isis tenía sus propias liturgias distribuidas en el calendario romano. Pero la dos más espectaculares debían ser el 5 de marzo, cuando tenía lugar el Navigum isidis, el momento de reapertura del mar, para la temporada de navegación y el 3 de noviembre el descubrimiento (Inventio) de Osiris, esposo de Isis y en Roma asimilado a Serapis. Para los que no conozcáis el mito de Osiris, simplemente lo resumiré: A Osiris, Seth (su hermano malvado) le tiene un odio infinito así que le asesina y arroja al Nilo todos sus trozos. Isis los recoge todos poco a poco los recompone y, con ayuda de su hermana Neftis, lo resucitan. Por ello, Osiris se convierte en el dios protector de los muertos  (por eso gasta ese color verde tan saludable)

Osiris, hacia el 1300 a.C. Tumba de Nefertari

 

Dentro de este clero había un gran número de personal, para dirigir el culto. Fácilmente reconocibles, con la cabeza rasurada y vestidos con una túnica de lino blanco. Eran sometidos a numerosas pruebas de penitencia, algunas bastante duras, como sumergirse en el Tíber helado o arrastrarse de rodillas alrededor del templo.

DIOSES VINULADOS A LA RENOVACIÓN DE LOS ASTROS

Estos cultos se propagaron por Siria e Irán, dando lugar así al paganismo romano, siendo sus cultos más importantes el culto al Sol, pero sobre todo la religión de Mitra.

Cultos astrales (sol y planetas)

En el mundo oriental, sobre todo en Siria, seguían manteniendo sus cultos primitivos, durante el Imperio Romano. Continuaban adorando a piedras, árboles, animales, aguas, etc. Habían sobrevivido los sacrificios humanos y también las prostituciones sagradas. Las conquistas de Trajano y Vespasiano, que rebasaron los límites helenizados, trajeron consigo a gran número de divinidades semíticas, como Aziz de Edesa, Baltis, Aglibol, Malakhbel de Palmira, entre otros muchos. Muchos pasaron al panteón romano con nombres de dioses latinos por ejemplo Júpiter, aunque frecuentemente conservaban el epíteto local.

Pese al gran número de dioses en oriente, algunos tendían a apropiarse del poder único y universal. Tal es el caso de Baal, señor absoluto del cielo y de la tierra, fuente de fecundidad y por supuesto su dama, Baalat.

No debemos olvidar, tampoco, que durante el siglo I de nuestra era, Roma seguía siendo tributaria del pensamiento cósmico de los griegos, que tenían ya un tope científico y no buscaban la sensibilidad religiosa general, sino que cada cual creyese en lo que debía ser. Los romanos beben de este pensamiento, pero asumen la religión oficial de Romay debe cumplirse como un acto más de ciudadanía.

Mitraísmo

Este es uno de los cultos romanos que más ha llamado la atención a los investigadores. Este dios era de antiquísima procedencia irania. Era la luz celeste, anterior al Sol, pero también era el dios de la verdad, creador de la abundancia. Esta divinidad fue devaluada a un simple genio intermediario al aparecer Zoroastro y su Ahura-Mazda, como dios universal.

Sin embargo, los romanos conocieron a este dios hacia mediados del siglo I antes de nuestra era. Sus primeras apariciones fueron en los ambientes de los estratos sociales más humildes. Fue Nerón, y a través de los contactos políticos con la armenia iranizada y su devoción por el culto al Sol, quien mostró el interés hacia el mazdeísmo. Posteriormente, con la dinastía Flavia y posteriormente la Antonina el culto a Mitra se expandiría por las zonas militares, sobre todo en el Danubio y el Rin, también en Londinum, las Hispanias y África. Además gran parte de la difusión de esta religión fue mérito de los esclavos.

Tal fue la repercusión que tuvo este dios, que sin tener un santuario estatal, fue proclamado “sostén del Imperio”, por Diocleciano, Galerio y Licinio.

Los santuarios de este dios suelen ser criptas estrechas, frecuentemente dispuestas en casas privadas, que albergaban a un número pequeño de fieles y siempre eran varones. Al fondo aparecía la imagen plástica de Mitra en el acto de inmolar el toro de la fecundidad.

Mitra sacrificando al toro de la fecundidad. Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba

Esta imagen forma parte de un mito repleto de arcaísmos. Mitra nació de una roca el 25 de diciembre (como casi todos los dioses), fue inmediatamente adorado por los pastores (todo comienza a ser muy sospechoso) y también recibió el homenaje del Sol, quien fue su más allegado aliado. Finalmente capturó a un toro, lo llevó hasta una cueva y lo sacrificó. A partir de la médula, la sangre y el esperma del toro, debía nacer todo tipo de vida, vegetal y animal.

Finalizando…

Estos son apenas unas pinceladas de unos cuantos de los numerosísimos cultos que se desarrollaban en el amplio Imperio Romano. Es increíblemente complicado tratar sobre la religión romana. Ni he puesto todos los detalles ni mucho menos, simplemente he destacado los elementos que más me han podido llamar la atención. Si gracias a este post os ha picado la curiosidad y queréis seguir sabiendo más sobre los cultos “menormente conocidos” de la edad Antigua, no dudéis en comentar. ¡Hasta la próxima!

Bibliografía

BAYET, J., La religión romana: historia política y psicológica. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1984.

DIEZ DE VELASCO, F., Introducción a la historia de las religiones, Madrid: Trotta, págs.295-303.

 

 

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