Ottium Vol.III. El ocio en Roma: el Teatro

Ottium Vol.III. El ocio en Roma: el Teatro

Atención: consideraciones previas a la lectura del post

Tenemos la fortuna de que, en nuestro país, se han conservado algunos de los teatros romanos más importantes. Ejemplo de ello serían el de Cartago Nova, Emerita Augusta, Caesar Augusta, Sagunto, por citar algunos de los más de veinte que pueblan nuestra tierra.

Teatro romano de Emerita Augusta del 16-15 a.C.

Para embarcarnos en este trágicomédico viaje lo primero que tenemos que hacer es eliminar cualquier atisbo de concepción actual del teatro. ¿Por qué? Porque nuestros teatros actuales, derivados del siglo de oro español, son construcciones pequeñas, que invitan al silencio y al recogimiento. Por favor, tirad eso a la Cloaca Máxima, y sigamos, ya que el teatro romano era todo lo contrario: grande, abierto y cualquier cosa menos silencioso. Era un foco de vida social y no solo antes y después de las actuaciones, sino durante.

Otro factor a tener en cuenta, es que si bien el teatro romano bebe directamente del teatro griego, tiene sus formas propias y nunca tuvo tanta popularidad, como el heleno. Además existe una diferencia clara entre ambos ya que mientras que el teatro griego se trataba de una expresión litúrgica, que adora a los dioses (adoran a Dionisos en primera instancia); el teatro romano sigue teniendo contenido religioso, pero ya dejan de adorar a este dios.

Por otra parte, el teatro romano formaba parte de los juegos públicos, es decir, de los ludi, espectáculos para el entretenimiento del populus y eran gratuitos, para que fuese accesible a cualquier condición social.

Breve evolución histórica

Se ha señalado el 240 a.C. como el inicio del teatro romano, pero no debemos pensar que siempre fueron esas asombrosas construcciones monumentales, puesto que la realidad es bastante distinta. Es en este año, cuando se representa, durante los ludi romani una tragedia griega, traducida por Livio Andronico.

Antes de esto tendríamos el llamado “preteatro” romano, cuya forma de expresión serían los Fescenios, fiesta celebrada tras la cosecha y en la que se daba las gracias a los dioses por la recolección de aquel año. Otra expresión típica de esta época serían la farsa atellana o atellana osca, género que introduciría las máscaras teatrales, de las cuales, posteriormente, Terencio echará mano.

¿Qué pasa en el siglo III a.C.? Pues que Roma invade el sur de Italia y entra en contacto con la Magna Grecia y sus costumbres. Incluido el teatro que, justo en esos momentos, estaba desarrollando la tragedia burlesca. Roma se empapará de la crítica social de estas comedias y lo aplicará a sus propias creaciones dramáticas.

En el siglo II a.C. ya cambiaron las cosas y es que el teatro latino alcanzó su máxima expresión, haciendo de este periodo su época dorada. En estos momentos tuvieron lugar las comedias, cuyos máximos exponentes fueron Plauto y Terencio, pero también las tragedias, encabezadas por las obras de Pacuvio y Accio. Con la plenitud de la Pax Romana, el teatro ya tiene su lugar en la sociedad romana, se consolida y toda ciudad de nueva creación tiene un teatro a cuestas.

¿Cuándo cae el teatro romano? Pues como casi todo en Roma, con la llegada del cristianismo. Los Padres de la Iglesia fueron quienes lo condenaron, ya que se considera un culto idolátrico y de mala reputación, por lo que terminó desapareciendo.

Promotores del teatro: evergetas

Ya he comentado, que las representaciones teatrales eran públicas y por tanto gratuitas para todos. Sin embargo, ¿quién pagaba todo esto? ¿Quién era el tío Gilito del populus? Tanto los ludi circenses, como los ludi scaenici eran una herramienta perfecta para que senadores con ganas de promocionar adquieran fama. Por tanto, eran los senadores, quienes organizaban los espectáculos. En época republicana eran los ediles, quienes se encargaban de esta tarea, ya que tenía una enorme importancia dentro de su cursus honorus. Pero ¿lo pagaban de su bolsillo? El tío Gilito era Saturno, ya que la gran parte del coste de estos eventos, las asumían las arcas de su templo y el funcionario de turno, asumía por su coste una pequeña parte.

Augusto reguló la situación y encargo este cometido a los pretores, además de que debían desempeñar sus funciones dentro de unas pautas. Esta situación consolidó la jerarquía social, ya que otorgaba la preminencia a las clases altas y esto era aceptado por el resto de la ciudadanía. Además, este aspecto se vio acentuado, por la jerarquización de los asientos, así como veíamos en el circo y en el anfiteatro, por lo que se acentuaba esa diferenciación social.

Por otra parte también se debe hablar de los evergetas, particulares que costeaban espectáculos con motivo de alguna ocasión especial. No solo las actuaciones, sino que el mismo paquete llevaba consigo toda una serie de esculturas, columnas e inscripciones conmemorativas, que exponían la generosidad del sujeto y que han llegado unas cuantas a nuestros días, como Balbo el Menor en Gades.

Monumento a Balbo el Menor en Gades (Cádiz)

Y cómo no, quién le podía dar mejor uso que el emperador, ya que en este escenario se plasmaban las formas del culto imperial. Debemos de tener en cuenta que se trataba de un espacio amplio, por no decir gigantesco, en el que poder reunir a todos los miembros de la ciudad y modelar sus estúpidas cabecitas.  El propio emperador estaba presente en las representaciones teatrales, ya que ello dejaba constancia de su autoritas y potestas sobre los ciudadanos.

Estructura del teatro romano

No quiero ponerme pesada, en plan profesora de historia del arte, que quiere que sus alumnos aprueben la selectividad, pero es algo que me saca de quicio. ¡La gente no distingue entre el teatro griego y el romano!, así que os dejo un vídeo de los de Academia Play, que además de entrañables, las ideas que expresan se te quedan grabadas en las córneas:

¿Qué hacen los romanos cuando adoptan el teatro? Cogen elementos del teatro griego, pero lo adaptan a sus necesidades, obteniendo la estructura semicircular, que todos conocemos, repetida a lo largo y ancho del Imperio, sin apenas variaciones.

Las partes del teatro romano más destacables son las siguientes:

La Scaena: como habréis adivinado es donde tenía lugar la actuación teatral. Estaba compuesta por el frons scaenae, inexistente en el teatro griego, que se trataba de una pared decorada, con los órdenes clásicos y esculturas de algunas divinidades. Sin ir más lejos en el teatro romano de Caesar Augusta se ha encontrado un torso colosal de la diosa Roma, que estaría ubicado en esta parte del teatro.

 

Busto de la diosa Roma Museo del Teatro de Caesar Agusta

Este frons scaenae tenía una acústica impresionante, ya que permitía proyectar la voz de los actores hasta la última fila. Era un recinto descubierto, por lo que procuraban que las representaciones estuviesen concentrada en la época de bonanza climática, desde los Ludi Megalenses  hasta los Ludi Plebeii, es decir, de abril a noviembre. Al igual que lo que ocurría en el anfiteatro tenían toldos, vela, para protegerse del sol infernal ese que gastamos a veces en el Mediterráneo.

La orchesta ¡SEMICIRCULAR! YA NO CIRCULAR COMO EN EL GRIEGO. Esto es así, porque originariamente este espacio circular estaba destinado a albergar un coro. Los romanos pasan del coro, por lo que el espacio se reduce a un semicírculo. Así de fácil.

La cavea, al igual que en otros recintos para espectáculos, era el graderío, las enormes bancadas corridas donde los espectadores se sentaban. Como ocurre en el anfiteatro, estaba dividida en tres alturas, de más alto a más bajo: la Inma cavea. Media cavea y summa cavea. Asimismo estaba dividida en doce sectores radiales, denominados cunei. Esto, como ya he adelantado, la ya de por sí jerarquizada sociedad romana, se veía reflejada y reforzada en el teatro.

Partes del teatro, a partir de maqueta del teatro de Caesar Augusta, hacía como cinco años que no abría el Photoshop, no seáis crueles.

¿Tuvieron los teatros romanos estas características siempre? Pues no, todo lleva su evolución. De hecho el theatrum lapideum, el de piedra que conocemos, no aparece hasta la fase final de la república, en el siglo I a.C. ya que se vuelve necesario darle mayor institucionalidad a estos eventos, además de que antes los hacían en madera, theatrum ligneum, y cuando finalizaban los espectáculos los destruían, lo que implicaba un enorme gasto. Menos mal que llegó Pompeyo en el  55 a.C. (el único espabilado de la época parece ser) y se le ocurrió levantar un teatro fijo de piedra, en el Campo de Marte, con una capacidad de 10.000 – 12.000 espectadores.

A partir de este momento es cuando comienzan a proliferar, práctica que fue paralela a la concesión de privilegios a determinados municipios, como ocurrió en Hispania. Por tanto, estos espectáculos fueron elementos de aculturación importantísimos, que contribuyeron enormemente a la romanización de los espacios conquistados.  

No sé si reír o llorar: géneros del arte dramático latino

Podríamos hablar de cuatro géneros del arte dramático latino: las pantomimas, pantomimi, las farsas, mimi¸ las comedias y las tragedias. En cuanto a las dos primeras eran interludios, obritas pequeñas, que también podían utilizarse como cierre de una función. Gozaron de gran popularidad y de hecho sobrevivieron a los otros dos géneros.

Los otros dos grandes géneros, la comedia y la tragedia llegaron a gozar de cierta popularidad pero, como ya os he dicho, no llegaron a tener el éxito que tuvieron en Grecia.

 

Comenzando por la comedia, se pueden distinguir entre dos subgéneros dentro de la misma:

Thalía, musa de la comedia

La comedia palliata, denominada así porque los actores vestían con el pallum vestimenta griega. Nevio, utilizando las obras griegas más representadas, llegó a crear un estilo latino propio, ya que comienza a introducir matices romanos. Pero quien dio el auténtico salto fue Plauto, creando obras romanas completamente nuevas, que invitan a los espectadores a jugar con la crítica social y política. Hoy nos meterían a la cárcel por ello. Anacronismos aparte, a partir de la obra de Plauto comenzaron a aparecer los personajes arquetípicos: el esclavo, el parásito, el alcahuete, el cocinero, la prostituta y el soldado, representando a las clases desfavorecidas. Mientras que en el extremo opuesto estarían los personajes de la élite: el joven, el anciano y la matrona. La crítica vendrá de la mano de los “desclasados”. Con ello, Plauto consiguió hacer un retrato al contexto histórico, social y político de la época. ´Dividía sus obras en episodios, repletos de detalladas escenas, además que introducía en la acción el factor sorpresa, lo que emocionaba a los espectadores. Escribió gran número de comedias, pero deben destacarse El persa y Epidico.

Mosaico que representa una paillata, perteneciente a la Villa de Cicerón de Pompeya

Este género comenzó a perder popularidad y en contrapunto surgió la comedia togata, llamada así por la vestimenta romana. El tema central de estas comedias era el día a día de la sociedad romana. Su  máximo exponente, Terencio, con humor ácido buscaba desnudar psicológicamente a sus personajes, a la vez que trataba conseguir la carcajada general. Sus intensos y extensos prólogos desarmaban a sus rivales, además, será él quien abuse de las máscaras teatrales que tan bien conocemos. Sus obras más destacadas son El Eunuco y Los hermanos.

¿Qué hay de la tragedia? Para empezar decir que era distinta a la tragedia griega, ya que buscaban cosas distintas. Mientras que los helenos trataban del buscar en las obras trágicas la catarsis, los latinos se centraban en la oratoria y el género épico. Los griegos, preferían los coros, mientras que los romanos sí optaron por la música instrumental, muy importante en sus obras.

Melpómene, musa de la tragedia

Los subgéneros más populares serían la saga troyana, que eran representaciones sanguinarias con su origen en Troya y el melodrama con fuerte influencia del pathos griego. Los autores más destacados fueron Pacuvio, Accio y más adelante Séneca.

El teatro como reflejo del fenómeno social en la Antigua Roma

Finalizando este post sólo me queda añadir que el teatro no era únicamente un centro neurálgico, en el que se desarrolla la vida intelectual, sino que era un retrato de la sociedad romana. Entre sus asientos asistimos a esa jerarquización social tan fuerte, cada cual tenía su lugar, pero a la vez era el sitio en el que se podía interactuar entre clases. Era el lugar en el que cada cual podía manifestar su opinión.

Fragmento de máscara romana, Museo del Teatro de Caesar Augusta

¿Cómo sabemos qué lugar ocupaba cada estrato social? Han llegado hasta nosotros leyes que organizan las localidades del teatro. Concretamente una del 194 nos habla de cómo se separan a los senadores de la plebe. Las siguientes magistraturas también tendrían sus espacios, así como los equites, quienes ocuparían las filas inmediatas a los optimates. Tras ellos los ciudadanos libres y por último los esclavos.

Las mujeres ocupaban las últimas filas, en la parte superior, dentro de la cual también estaba jerarquizado según la estratigrafía social. Únicamente las vestales ocupaban un lugar privilegiado en la parte inferior del teatro.

Por tanto, debemos ver este espacio gratuito como un foco de interacción entre todos los escalones de la sociedad, donde se expresaba libremente la opinión de cada uno.

El teatro funcionaba como un espejo en el que se reflejaban todos los cambios que acontecían en Roma.  Podemos observar el proceso de concentración política a manos del emperador y por la proliferación de estatuas de la domus imperial. Asimismo con la concesión de algunos asientos, se puede observar la importancia que va adquiriendo el poder militar, una importancia muy peligrosa como se pudo ver con el paso del tiempo.

Lo último que me gustaría añadir son unas palabras por la importancia del descubrimiento y estudio de estos vestigios arqueológicos. El teatro en sí mismo es una representación dramática de la sociedad romana, por lo que su investigación y análisis han sido trascendentales, para que podamos entender lo que fue el mundo romano.

Bibliografía:

EDMONSON, J., “Public Spectacles and Roman Social Relations”, en Ludi Romani. Espectáculos en Hispania, Mérida: Museo Nacional de Arte Romano, 2002.

GONZÁLEZ, J., “Leyes, espectáculos y espectadores en Roma”, en Ludi Romani. Espectáculos en Hispania, Mérida: Museo Nacional de Arte Romano, 2002.

HOLGADO, A., “Teatro público en la roma Antigua”, en Actas del simposio “El teatro en la Hispania romana”, Badajoz: Institución Cultural “Pedro de Valencia”, 1982.

MELCHOR GIL, ET., y RODRÍGUEZ NELIA, J.F., Sociedad, espectáculos y evergetismo en Hispania, en Ludi Romani. Espectáculos en Hispania, Mérida: Museo Nacional de Arte Romano, 2002.

PINA POLO, F., Teatro, política y sociedad en Roma, en BELTRÁN CEBOLLADA J.A. y VICENTE SÁNCHEZ, A., Grecia y Roma a escena. El teatro grecolatino: Actualización y perspectivas, Madrid: Liceus, 2011.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.*